Para América Latina, y especialmente para los países del Mercosur, el proceso de integración europeo siempre ha sido un modelo y una fuente de inspiración a seguir en el camino a lograr una mayor unidad continental. En ese sentido, resulta sumamente interesante lo que ha sucedido esta semana en las elecciones que tuvieron lugar en el viejo continente para integrar el Parlamento Europeo.
El primer aspecto que ha marcado estas cruciales elecciones es que la gente no fue a votar. Aunque parezca mentira, en medio de una crisis feroz, y de un bombardeo mediático sin precedentes, la abstención ha llegado casi al 60% del electorado. Y estamos hablando de la integración de un parlamento que tiene efectivos poderes sobre las naciones, donde sus decisiones obligan a los países, del que dependen miles de millones de euros en ayudas a la producción, y que es realmente determinante para la vida de quienes allí habitan y trabajan. ¿Qué pasó entonces? Que los europeos siguen sin sentirse identificados por el mundillo burocrático frío y distante de Bruselas. Que no logran asimilar la formación de esos grandes partidos supranacionales y sus particulares luchas de poder.
Esto es una de las lecciones más importantes que debería tomar el Mercosur. Sobre todo en momentos en que algunos líderes se empeñan en impulsar un proceso de integración política, con la formación de un Parlamento que, tal como suele ser el pecado de las dirigencias de esta zona del mundo, es calcado de lo que se ha hecho en Europa. La pregunta es si en un proceso como el europeo, con décadas de funcionamiento efectivo, y con partidos políticos que tienen una historia común y asimilable lo cual permite una formación de bloques ideológicos casi naturales, la gente no se ve reflejada, ¿qué se puede esperar que pase aquí? En un bloque como el Mercosur donde los partidos políticos de cada país tienen muy pocos puntos de relación con los de sus socios, donde hay tanta distancia de peso y tamaño entre los integrantes, y donde las realidades políticas, sociales y económicas de cada uno son abismalmente diferentes.
Por ejemplo, la política europea se maneja en grandes bloques como ser el Partido Popular Europeo, de centro derecha, y el Partido Socialista Europeo, denominaciones que incluyen sin problema a los principales sectores de cada país. En el Mercosur es difícil imaginarse un alineamiento tan sencillo. ¿Qué partido uruguayo formaría bancada con el peronismo argentino o el partido Colorado paraguayo?
Una segunda lección que se puede sacar es acerca de lo poco fiable de los eslóganes ideológicos tan en boga hoy en día. Por ejemplo el que dice que la crisis financiera internacional es el fin de la "era neoliberal", de la hegemonía del mercado que tuvo a Margaret Thatcher como uno de sus estandartes europeos, y que se venía un renacer de las políticas estatistas. A contrapelo de esto, los resultados europeos han marcado una derrota histórica del bando socialista en casi todos los países. Particularmente duro ha sido en Gran Bretaña, Francia y España, donde esos partidos se han mostrado más críticos con el llamado "modelo económico" actual, pero donde la ciudadanía no parece ver las cosas de la misma manera. Algo que da para pensar.
Otros resultados que son importantes para nuestra región de las elecciones europeas han sido el fuerte crecimiento del Partido Verde, y de formaciones extremistas xenófobas. En el caso de los primeros, que tienen en sus filas al ex dirigente del Mayo francés Daniel Cohn-Bendit, y sobre todo al tristemente célebre activista antiglobalización José Bové, resulta preocupante su ascenso por las políticas contrarias al libre comercio que impulsan, lo que puede afectar seriamente nuestras exportaciones a Europa. En el de los segundos, porque el crecimiento de esas fuerzas racistas es una pésima señal para el mundo entero.
Un detalle final a tener en cuenta, ha sido el de las encuestas. En España, por poner un ejemplo, el organismo oficial de sondeos de opinión, el CIS, que cuenta con una millonaria financiación estatal, anticipaba una ligera victoria del gobierno socialista, y una abstención que no superaba el 13%.
Teniendo en cuenta que el PSOE perdió por 4 puntos, unos 600 mil votos, y que la votación apenas superó el 40%, es como para que algunos colegas locales que suelen hacer predicciones bastante aventuradas, vayan abriendo el paraguas.