Errores de Israel

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El recientemente electo presidente de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo (Inddhh), Marcos Israel, dio una entrevista en la que dejó inquietudes sobre su sesgo ideológico.

El señor Israel mostró adherir a lo que podríamos llamar la tesis nominalista sobre los derechos humanos (DDHH), que sostiene, por definición, que ellos solo son violados por los Estados. En efecto, afirma que “las violaciones de derechos humanos son del Estado, eso es un hecho que tiene que ser claro”. Con la nueva integración del Inddhh parece pues que será imposible corregir el sesgo que ha imperado en estos años y que ha servido para disimular las violaciones a los DDHH que llevaron adelante las guerrillas izquierdistas en la década previa al golpe de Estado de 1973.

Las guerrillas en Uruguay torturaron y los Tupamaros en particular torturaron y asesinaron a decenas de personas, pero para el señor Israel eso no es violar los DDHH. El Inddhh seguirá participando así de una tremenda mentira histórica. Con la excusa nominalista, partirá del principio de que las violaciones a los DDHH perpetradas, por ejemplo, por los Tupamaros en la llamada cárcel del pueblo, no fueron tales.

Por analogía, a un defensor tan claro de la política del Estado de Israel como el señor Israel, habría que preguntarle si adhiere a esa misma tesis nominalista cuando se trata de calificar los vejámenes que han sufrido tantos judíos a manos de movimientos guerrilleros árabes -y en particular, por ejemplo, cuando en estos días se cumple medio siglo de los asesinatos de deportistas israelíes en Alemania-.

¿Alguien sin la ceguera del velo ideológico puede admitir que un movimiento terrorista como la Organización para la Liberación de Palestina, por ejemplo, no violó por años los DDHH solo porque no era una organización estatal?

Pero hay más errores. El flamante jerarca considera con razón que no hay presos políticos en Uruguay, pero no reconoce algo elemental: que en 2011 una mayoría regimentada del Frente Amplio (FA) desconoció flagrantemente los resultados de dos referéndums, de 1989 y de 2009, para promover una ley que, junto con una interpretación completamente inconstitucional del concepto de lesa humanidad, sirvió para poner presos a varios militares.

Lo llama, en su perorata políticamente correcta, “una discusión de legalidad”, porque se niega a reconocer que en este caso el Frente Amplio actuó de forma totalmente antidemocrática.

Las guerrillas en Uruguay torturaron y los Tupamaros en particular torturaron y asesinaron a decenas de personas, pero para el nuevo jerarca de la Institución de Derechos Humanos, eso no es violarlos.

Pero como esa perorata siempre viene de la mano de una soberbia bien pensante, acota Israel: “quizás fue un error llamar a plebiscito, yo primero lo firmé. Capaz que nos equivocamos en llamar a un plebiscito, hubiéramos ido directamente por la vía del derecho internacional”. Como siempre ocurre en estos casos de ideologización extrema y falta de verdadero sentido democrático, el principio al que adhiere Israel es que, si el pueblo soberano no da razón a la izquierda, entonces mejor no debe ser consultado, ya que el atajo pasará por imponerle a esa opinión soberana condiciones que provengan del derecho internacional.

Finalmente, lo más grave para el futuro del país y el perfil de actuación de la Inddhh de los próximos años es cuando, consultado sobre si hay que dar vuelta la página, Israel responde: “mientras no aparezcan los desaparecidos, no hay posibilidad de dar vuelta la página”.

Esto cuando se sabe que la mayoría de los desaparecidos uruguayos sufrieron tal terrible destino en Argentina, y que por tanto hay resortes de búsqueda e información que no dependen sólo de Uruguay; cuando se tiene claro que el sesgo ideológico de la Inddhh solo estima que hubo violaciones a los DDHH de parte del Estado, y que por tanto, por ejemplo, jamás se atenderán los reclamos de quienes sufrieron la tortura y el acoso de las guerrillas; y cuando se fija como prioridad un objetivo que todo el mundo de buena fe sabe inalcanzable, como es que “aparezcan todos los desaparecidos”: ¿acaso no es evidente que el objetivo del flamante jerarca en la Inddhh para nada es la concordia nacional y la construcción de un futuro en paz que deje de utilizar causas de hace casi medio siglo con fines politizados proizquierdistas?

Dice Israel que vio “algunos artículos de diarios en los cuales se cuestionaba la existencia (de la Inddhh) y bueno, esa gente no entendió de qué va esto”. Muchos de esos artículos fueron escritos en esta página editorial: queda pues bien claro que sí entendieron de qué va el sesgo ideologizado que notoriamente también caracteriza al flamante jerarca.

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