No debería sorprender: el altísimo grado de desaprobación a la gestión del Intendente de Montevideo, Mario Bergara, reflejado en una reciente encuesta de Equipos no hace más que poner sobre papel lo evidente. Está haciendo un mal trabajo, principalmente por no hacer ninguno.
La Intendencia de Montevideo sigue sin dar respuestas a problemas graves que la afectan, desde hace tiempo. Bergara cumplirá un año al frente del gobierno capitalino y no hay señales de que algo de lo mucho que anda mal haya mejorado.
Es entonces lógico que una encuesta muestre números negativos. La desaprobación alcanza el 52% mientras que solo un 26% de los montevideanos aprueba la gestión. Es que el deterioro de Montevideo se acrecienta día a día sin que nadie ni nada pueda detenerlo.
Lo llamativo es que hay una franja etaria en que la desaprobación sube al 61% y es el de la población que tiene entre 18 y 29 años. Se trata de un grupo de edad que sería proclive a gobiernos de izquierda, pero también es una generación con una inserción al mundo muy distinta. Son muchos los que a temprana edad (a diferencia de sus mayores) tuvieron la oportunidad de viajar y conocer realidades diferentes. En consecuencia, comparan con otras ciudades y Montevideo pierde por goleada.
Pese a ello, la encuesta demuestra que buena parte de los que dicen haber votado al Frente Amplio, se resisten a ser críticos pese a la abrumadora evidencia: 35% de ellos desaprueba pero 37% aprueba. Este dato no debe ser subestimado. Hay votantes que anteponen sus preferencias ideológicas a cualquier otro interés. Saben que hace rato el Frente Amplio perdió la capacidad de gestionar la capital, pero nunca lo reconocerán.
Por eso Montevideo es rehén de una actitud irracional y profundamente intransigente que impide toda posibilidad de mejora. Si bien los candidatos no se reeligen, sí lo hace el partido. Vuelve una y otra vez pese a que la “herencia maldita” le llega de los propios correligionarios. Por eso, no pueden siquiera mencionar lo mal que encontraron las cosas con lo cual la mentira y el engaño se engorda de un período a otro.
Bergara recibió de Carolina Cosse una intendencia en una situación crítica que le ató las manos. También llegó al cargo gracias al empuje de esos votantes que siguen siendo leales pese a todo, porque en realidad nunca tuvo planes de qué había que hacer para apurar las mejoras imprescindibles que la ciudad necesita.
Lo de la basura sigue igual y agrava la decadencia generalizada. Las calles están mal iluminadas, con luces que no dan luz, surrealista como pueda ser esta descripción. El año se fue en discutir el transporte en la avenida 18 de julio, lo que demostró que Bergara llegó sin un plan definido para poner en marcha apenas asumiera. Respecto a que hacer de 18 de julio en adelante, nadie lo habla. ¿Qué está previsto para avenida Italia y Gianattasio, o para 8 de octubre y Camino Maldonado que es donde realmente hace falta vías que agilicen el transporte público? Y ni se mencionan salidas para el norte y el oeste de la ciudad.
En otras palabras, no hay nada. Este gobierno departamental asumió sin tener idea de que hacer. Se le secó la imaginación y se derrochó dinero en banalidades. Llevan 35 años gobernando y eso los desgastó. No cuentan con gente competente que entienda cómo funciona una ciudad que sea eficiente, amable con sus habitantes, limpia y linda. No tiene sentido, ante el estado en que está, promover el turismo. Que los visitantes vayan al este o a Colonia, pero pasaríamos calor si se detuvieran a mirar una ciudad tan decadente.
Sería natural suponer que en la Coalición ya se trabaja en un programa de profunda y duradera renovación de la ciudad. La verdad es que no se escucha nada: o lo están haciendo en silencio o aun no empezaron a preocuparse, lo cual sería desesperanzador. Quedarse solo en la crítica a la actual gestión es fácil. Basta repetir los cuestionamientos que cualquier ciudadano hace, pero eso no indica que haya una alternativa seria en marcha y si no la hay, se estaría cayendo en una grave irresponsabilidad. Montevideo está cada día peor y el ciudadano corrobora que la Intendencia no tiene idea de que hacer ni por dónde empezar y, peor aún, no tiene conciencia de que urge hacer algo.
Eso muestran las encuestas. Y darán cifras peores con el paso del tiempo. Los gobernantes deberían sentir el impacto de estas cifras. A no ser que el haber estado tanto tiempo sentados en el mismo sillón haya anestesiado sus reflejos.