Sobre el final de la semana pasada, el país vivió un ceremonial cívico de enorme importancia para el funcionamiento de su democracia: en cada capital departamental asumió el intendente elegido en los comicios de mayo pasado. Se resaltó así la importancia de los gobiernos regionales en el quehacer nacional.
La presencia del presidente Orsi, en algunas asunciones y la del expresidente Lacalle Pou en otras (ambos además coincidieron en Florida) acentuó la importancia de los actos y dio comienzo a una etapa que durará cinco años. Si bien abruma la seguidilla de elecciones en un solo año (desde las internas, pasando por las nacionales y la segunda vuelta hasta las municipales), a diferencia de otros países con muchos comicios intermedios, ahora no habrá que votar hasta 2029. Que las departamentales se hagan en una fecha diferente a las nacionales facilita que los ciudadanos se concentren en los temas locales a la hora de elegir intendente.
En estos 40 años de democracia continua y estable, las prácticas políticas han ido cambiando y eso afecta el funcionamiento de las intendencias y su relación con los partidos.
La cercanía entre un intendente y la población a la que sirve, alienta conductas que hacia adentro son consideradas normales y positivas, pero desde afuera son cuestionadas. Eso explica la indignación de los simpatizantes partidarios a nivel nacional, mientras que en el departamento siguen votando por el intendente presuntamente cuestionado.
Esto irrita a quienes siendo del mismo partido no votan en los lugares donde hubo controversia. Hoy, todavía son fastidios menores pero con el tiempo habrá que ver cómo afrontarlos.
El peso de las Intendencias es tal que a veces los partidos están más compenetrados en la reelección del intendente o del partido en ese departamento y no en como dirimir las elecciones a nivel nacional. Ocurre entonces que en un determinado distrito a un partido le faltan votos para obtener más diputados (y conseguir la mayoría parlamentaria) pero seis meses después le sobran para ungir al intendente.
Otro cambio en las prácticas políticas ha sido que varios partidos voten bajo el lema de la Coalición Republicana, lo que les permitió ganar. El caso más emblemático es el de Salto. El desafío es ver cómo esos partidos desde sus distintos perfiles y trayectorias logran, sin perder sus características, gobernar unidos con eficiencia y transparencia.
Habrá que observar con atención esas experiencias, porque si son exitosas (y necesitan serlo) indicarán el camino para que la llamada Coalición Republicana, aún muy endeble pero que gobernó el país con éxito, se consolide con vistas a próximos gobiernos nacionales.
Por otra parte, la asunción de Mario Bergara como intendente plantea sombrías expectativas. No por la persona elegida, sino por la complicada realidad que hereda: un alarmante déficit presupuestal.
La trampa es que Bergara no puede echar la culpa a una “herencia maldita”: la gestión anterior también fue del Frente Amplio. Por lo tanto, una capital necesitada de obras y servicios que no pueden esperar más, podría quedar totalmente paralizada.
Sería terrible que se postergue la solución definitiva al tema de la basura por falta de recursos, o la mejora de las luminarias, o las veredas, o el arreglo y actualización de ave-nidas así como de calles barriales, de plazas, parques y el arbolado público.
Imaginar a Montevideo, en el mal estado en que está, paralizada por faltas de recursos, es preocupante.
Queda por último otro aspecto al que nos hemos referido muchas veces: el de acercar al país, achicar distancias, hacer que cada rincón sea accesible, que los puentes integren.
Mucho hizo el gobierno pasado y ojalá ese dinamismo continúe y mejore. No solo ampliando la doble vía en rutas nacionales sino además transformando las rotondas en cruces de niveles diferentes para que, manteniendo la seguridad, el tránsito sea fluido. También importa terminar con la política de reiterados y súbitos cambios de velocidad en las rutas, lo que confunde a los con-ductores y alarga el trayecto hasta el destino.
En lo de acercar distancias, las intendencias tienen la misión crucial de mejorar (y no solo con remiendos) la caminería rural.
Como en la largada de una carrera, la asunción de los 19 intendentes dio comienzo a un nuevo tiempo con sus expectativas y esperanzas y también con dudas y temores. Del talento, la visión y la capacidad política de cada intendente, dependerá el resultado.