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No sabemos si William Shakespeare imaginó al escribir Hamlet que aquella frase: “algo huele a podrido en Dinamarca”, iba a ser tan exitosa que se la continuaría utilizando en un muy lejano siglo XXI.
Pero así es. Demasiado a menudo se perciben corrupciones, turbios manejos o mentiras convenientes para hacer proselitismo, lavar cerebros o atacar al adversario o enemigo. Por ejemplo, un blanco bien específico de la izquierda desde el primer momento ha sido el Dr. Lacalle Pou a cargo del gobierno y al frente de una novedosa coalición republicana (CR).
El caso que nos ocupa es una nueva demostración, (otra más) del uso de falsedades con el fin de implantar una percepción negativa e incentivar el descontento y la crítica a las autoridades que se hicieron del poder tras ganar elecciones, libres y democráticas en noviembre de 2019. A fines del pasado mes de agosto empezó a resonar una artera campaña con quejas en contra del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) a través de declaraciones ante cualquier micrófono, tweet o lo que fuera. Cuestión de sembrar un alerta generalizado respecto del hambre en la población más menesterosa a causa de la falta de suficiente alimento para las ollas populares. A partir de entonces comenzó a transmitirse la idea de que había gente que no podía comer por culpa del Mides y de paso, quedaba flotando en redes y medios de prensa la acusación a la presente Administración de insensible a las carencias de los más pobres.
Detrás de esta propaganda alarmista aparecieron voceros de la CPS, cuya traducción para los que no estén al tanto es: Coordinadora Popular y Solidaria, la cual figura como representante de una red de ollas populares de Montevideo. Hará unos 20 días empezó el reclamo de más apoyo estatal, porque de lo contrario no era posible atender a toda la gente que iba en busca de comida. Las organizaciones que reciben soporte del Ministerio son cuatro, pero la única reclamante y que además no informa es ésta. Sin perder tiempo, el Ministro de Desarrollo Social, Martín Lema, le ordenó a la Directora territorial departamental, Carolina Murphy que investigara sobre a situación. El 29 de agosto se le pidió a la CPS una serie de datos; cantidad de ollas y merenderos que gestionan, la ubicación donde se encuentran y la cantidad de porciones que se sirven en los mismos.
Sin embargo, fueron pasando los días y respecto de lo requerido, silencio. Solo enviaron un informe que elabora la Fundación Solidaridad que se supone lleva un registro pero en el cual no hay especificaciones. Y finalmente uno de los voceros de la CPS, Pedro Rodríguez, contestó que la decisión de no brindar los datos solicitados era política. Como dicen, “más claro echarle agua”.
Comenzó a transmitirse la idea de que había gente que no podía comer por culpa del Mides y de paso quedaba flotando en las redes y medios de prensa la acusación a la presente Administración de insensible a las carencias de los más pobres.
Dicha afirmación condice con lo que el Ministro se preguntaba. ¿Cómo se explica que hagan escandalosos reclamos sin una base que los sustente? Aparte de que a nivel de la cartera se sabe que la demanda de alimentos ha ido disminuyendo. De acuerdo a Santiago Pérez, representante de Uruguay Adelante, de 100 mil personas ha bajado la demanda a 60 000. Una noticia positiva, ya que como lo ha dicho el Ministro más de una vez, “las ollas no son un fin en sí mismas”. Y a lo que Lema aspira es que las ayudas a los desamparados se hagan a través del Sistema Nacional de Comedores, el INDA.
Por su parte, en las cocinas del Ejército se elaboraron en convenio con las Intendencias, entre enero y agosto de 2021, 508 000 platos de comida pero entre enero y agosto de 2022, el pedido de platos bajó a 193 000. Más allá de la buena noticia que significa que haya menos gente necesitada de ir a alimentarse de esta forma, hay un informe de la Fao en el cual es interesante detenerse. En él se muestra que a pesar del bonanza económica que le tocó al Frente Amplio cuando gobernó (sin pandemia, elevados precios de nuestros commodities y muy bajas tasas de interés, lo que estimulaba a capitalistas e inversores a fijarse en los países que no eran del mundo desarrollado), resulta que los datos de inseguridad alimentaria eran peores en 2016 (últimos datos) que en el 2020, con la emergencia sanitaria en pleno. En el primer dato mencionado la pobreza severa estaba en 9,14% y la moderada en 27,83%. Hace dos años, 2022, la extrema pobreza en 8,58 % y la moderada en 25,31%.
La estrategia de la izquierda de imponer su historia viene de lejos y continúa. Chile es ejemplo de ello, tal como lo escribe Raquel Camposanto Echegaray, ex ministra de la Corte de Apelaciones en el Mercurio, recordando qué llevó al golpe del 11 de junio de 1973 y la propaganda de la izquierda que logró deformar absolutamente los hechos.