El primer disparo: la historia bien contada

A medida que van pasando las décadas empiezan a notarse nuevas miradas acerca de un período de la historia que marcó al país por muchas décadas: los años que van de inicios de los sesenta al golpe de Estado de 1973.

Infelizmente, ha sido una época narrada sobre todo desde posicionamientos políticos y culturales claramente izquierdistas y que fueron hegemónicos durante muchos años. En efecto, lejos de poder asentar una verdad histórica, se acumularon relatos, versiones, opiniones y distintos aportes centrados en las memorias de los participantes de izquierda y militantes de aquellos tiempos aciagos.

La inmensa mayoría de ellos construyeron un cuento mitológico siempre favorable a la izquierda y radicalmente alejado de la verdadera dignidad de los hechos. Por cierto, en nada colaboró que durante todas estas décadas la gran mayoría de los textos históricos que se publicaron sobre esos años también estuvieran fuertemente teñidos de partidismo y sesgo ideológico, cuando no directamente de una mala fe analítica indigna de la mejor tradición académica de nuestro país. Baste destacar, en ese rosario de parcialísimos trabajos, por ejemplo, el tomo 8 de la historia uruguaya (1959-1973) editado por Banda Oriental.

Es por todo esto que debe destacarse el libro que ha venido a sumarse a las nuevas miradas y que fue publicado en noviembre pasado, de autoría de Ruperto Long, “El primer disparo, víctimas invisibles en el Uruguay de la guerrilla”. Lo primero para anotar es acerca del perfil del autor: ingeniero de profesión, de importante militancia en el Partido Nacional, hace una década ya que Long ha incursionado con notables laureles en la literatura. Un éxito internacional rotundo fue su libro “La niña que miraba los trenes partir”: sólo por eso, su pluma debiera de figurar entre las más destacadas de nuestra literatura contemporánea. Empero, sabido es que la miseria cultura izquierdista vernácula, tan mayoritaria en los círculos montevideanos, no es dada en reconocer valía intelectual a quienes no comulgan con sus credos políticos.

Justamente allí en parte radica la formidable belleza de la narración de Long: para contar historias humanamente tan desgarradoras, hechas de injusticias, tragedias y enormes daños familiares y personales, “El primer disparo” no entra en cuestiones partidistas o políticas menores. Aquel Uruguay es descrito con el cariño de un hijo del país que accedió, con esfuerzo y dedicación, a los mejores lugares sociales a partir, justamente, de las virtudes que aquella democracia ponía a disposición de todos: Long describe todo aquello con el amor propio de un buen patriota que intenta ser objetivo explicando lo que realmente pasó y que, además, naturalmente sufre porque el final de toda esta historia, el golpe de 1973, fue sin duda también el término de una época.

Si realmente un ciudadano de esta tercera década del siglo XXI quiere hacerse una idea de lo que significó el sufrimiento de tantos uruguayos agredidos por la guerrilla en los años sesenta y setenta, este libro de Long es de lectura ineludible. Si, además, quiere conocer detalles de los vínculos entre tupamaros y militares y el daño que hicieron a familias enteras a partir de sus dislates ideológicos - con torturas y amenazas conjuntas que duraron semanas, por cierto-, también debe leer este libro. Y si en verdad quiere salir de la estrechez del relato tan romántico como mentiroso izquierdista de aquellos años, y quiere además devolverle la dignidad de los hechos (y de las amarguras) que la guerrilla marxista generó en aquel Uruguay que era, a pesar de sus dificultades, una democracia ejemplar y uno de los países más ricos e igualitarios del continente, “El primer disparo” es absolutamente indispensable.

La tarea de investigación del autor no fue poca y es evidente base para un libro tan bien escrito. A las diversas entrevistas que realizó, hay que sumar una cantidad de autores que cita y que son, precisamente, los que se han ido sumando a esa nueva mirada que señalamos al inicio: entre otros, cabe destacar a Haberkorn, Lessa, Achard, Almada, Burel, Diez de Medina, Fischer y Gatto, que con distintos trabajos han ido construyendo una mirada tan plural como respetuosa de aquellas víctimas hoy cada vez menos invisibles de la guerrilla uruguaya.

Hace una década ya que el Ruperto Long ingeniero y político ha dejado protagonismo al gran autor de literatura sensible, fina y bien escrita. “El primer disparo” forma parte de ese legado.

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