El otro Munich: la posición de Alemania

La conferencia de seguridad de febrero en Munich tuvo en el discurso del secretario de Estado Marco Rubio a un protagonista excluyente. Sin embargo, importa mucho prestar atención también a los lineamientos expuestos por el canciller alemán, Friedrich Merz, porque fijó prioridades claves para el futuro de la política exterior de su país y de toda Europa.

En efecto, Merz inició sus definiciones con reconocimientos históricos fundamentales: dijo que en Europa se estaba poniendo fin en estos días a “unas largas vacaciones alejadas de la historia del mundo”. En una era que vuelve a estar caracterizada por el poder y, sobre todo, por la política de las grandes potencias, tanto el viejo continente como su principal potencia económica, que es Alemania, quieren tener su qué decir. Y aquí el segundo reconocimiento del canciller: el liderazgo de su país deberá estar basado en la asociación. “¿Fantasías hegemónicas? No, los alemanes nunca más actuaremos solos. Es una lección duradera que hemos aprendido. Afirmamos nuestra libertad con nuestros vecinos, nuestros aliados y nuestros socios”.

A partir de allí Merz puso sobre la mesa un “programa de libertad”, como lo llamó, que reposa en cuatro pilares. En primer lugar, aceptó la voluntad alemana de reforzarse militar, política, económica y tecnológicamente. “De este modo, reducimos nuestras dependencias y nuestra vulnerabilidad. El refuerzo de Europa dentro de la OTAN es nuestra prioridad absoluta. Invertimos masivamente en una disuasión creíble”. En este sentido la frase clave fue que Alemania hará de su ejército convencional el más poderoso de Europa lo antes posible. Un ejército, agregó, “capaz de resistir si es necesario”.

En segundo lugar, el canciller alemán planteó la necesidad de reforzar Europa. “Una Europa soberana es nuestra mejor respuesta a esta nueva era. Unir y reforzar Europa es nuestra prioridad absoluta hoy en día”. Y las consecuencias en la visión alemana son muy potentes: Merz afirmó que “sabemos que, a largo plazo, solo tendremos éxito si arrastramos a los demás europeos en nuestra estela. Somos el corazón de Europa. Si Europa se divide, Alemania también se dividirá. Pero también hago un llamado a nuestros socios: sean conscientes de la gravedad de la situación; contribuyan también ustedes a construir una Europa fuerte y soberana”.

Desde ese lugar es que, sin complejos para una Alemania que perdió las dos guerras mundiales del siglo XX y terminó dividida en dos hasta 1990, Merz dejó en claro que quiere establecer una nueva asociación transatlántica.

“Se ha abierto una brecha, una profunda fractura, entre Europa y Estados Unidos (EE.UU.)”, afirmó. Reconocida sin ambages esta realidad, Alemania está dispuesta a liderar una relación diferente con EE.UU., sin excluirlo para nada entre sus aliados, pero, a la vez, afirmándose como interlocutor desde un protagonismo mayor en Europa.

Finalmente, el cuarto pilar es que Alemania se plantea tejer “una sólida red de asociaciones mundiales. Por muy importantes que sigan siendo para nosotros la integración europea y la asociación transatlántica, ya no bastarán para preservar nuestra libertad”. Y el papel del Mercosur fue explícitamente definido: “El acuerdo entre la Unión Europea y cuatro Estados de América del Sur se aplicará con carácter provisional. Sí, es una buena decisión de la Comisión Europea”.

Si histórico fue el discurso de Rubio en Munich, evidentemente el de Merz no fue menos importante a escala europea. Por primera vez Alemania declara abiertamente que quiere conducir a Europa y ser la responsable del principal ejército del viejo continente; fija su posición de apertura a grandes espacios de comercio -y a partir de esa convicción es que se pudo avanzar con el Mercosur a fin de 2025-; y plantea redefinir la relación con la principal potencia occidental que es EE.UU. desde un lugar más autónomo tanto militar como políticamente.

Todo esto tendrá consecuencias relevantes para Europa. Para empezar, estamos ante la constatación de un desequilibrio asumido en favor de Alemania que termina con la lógica del pilar franco-alemán para construir la Unión. Para seguir, tanto Francia, como Italia y Reino Unido son países que nunca vieron con buenos ojos la hegemonía germana en el continente. Y para finalizar, es seguro que Rusia tampoco se alegrará de este protagonismo alemán que quiere “arrastrar” en su estela a toda Europa occidental.

Así las cosas, la conferencia de febrero pasado en Munich fue, sin duda, escenario de grandes definiciones históricas.

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