El mundo está cambiando, lo cuál no es una novedad en sí, desde sus orígenes ha estado mutando de distintas formas. Lo distinto es la velocidad a la que está cambiando tanto en términos políticos, culturales y tecnológicos. Vivimos en un mundo en que hay personas que se creen animales, en que presenciamos acciones militares decisivas, en que Occidente se bate en retirada con algunos atisbos de reacción y en que la inteligencia artificial lo está cambiando todo a pasos agigantados.
En el terreno político no caben dudas que el segundo gobierno de Donald Trump ha traído novedades importantes, incluso respecto a su primera administración. Luego de haber sido uno de los pocos presidentes de la historia norteamericana reciente que no había comenzado una guerra en un primer año de gestión se puso al día. La captura del dictador Maduro y la colaboración decisiva para capturar narcotraficantes como el Mencho en México y Marset en Bolivia sin dudas deben contar en el haber de la administración Trump.
El mundo es un lugar mejor sin esos delincuentes, aunque en Venezuela nada cambiará significativamente hasta que caiga la dictadura y exista un gobierno emanado de la voluntad popular. Si el gobierno norteamericano transa con Delcy Rodríguez, una persona tan corrupta y cómplice de las violaciones de los derechos humanos como Maduro todo quedará en una mera transacción por intereses económicos que golpeará la imagen de los Estados Unidos a nivel internacional. Si se logra un retorno a la normalidad democrática en un plazo razonable reconociendo el liderazgo inequívoco de María Corina Machado todo habrá tenido sentido y un lugar destacado en la mejor historia contemporánea. Las esperanzas en este sentido están puestas en el secretario de estado Marco Rubio que ha demostrado una capacidad de discernimiento geopolítico y capacidad de liderazgo mucho mayor al que le daban casi todos los analistas.
La guerra en Irán encarada por Estados Unidos e Israel también notoriamente es un conflicto necesario antes de que esa teocracia radical que conculca todos los derechos de las mujeres y es capaz de asesinar en pocas semanas a decenas de miles de personas simplemente por protestar desarrolle armas nucleares. Nuestra especie tendría los días contados si Irán hubiera desarrollado armas nucleares por lo que tenemos que estar agradecidos por haber eliminado esa amenaza.
Como en Venezuela, de todas formas, el trabajo dista de estar concluido. Es necesario terminar con el régimen y su capacidad militar de hacer daño a sus vecinos y lograr una transición en que ese país de historia y tradiciones formidables y milenarias vuelva a incorporarse como una sociedad democrática al derecho internacional. No será fácil, pero es posible porque es el deseo de la mayoría del pueblo iraní que quiere dejar atrás la nefasta dictadura a la que estuvo sujeto por demasiado tiempo.
Todo indica además que tendremos próximamente un nuevo episodio relevante en el terreno internacional. La confesión del dictador Díaz Canel sobre un diálogo con Estados Unidos y la necesidad de encarar una transición constituyen una gran noticia para América Latina. Esta noticia de una posible apertura política en Cuba no sería posible sin el desastre causado por el comunismo en la vida de los cubanos y sin la presión en el momento correcto del presidente Trump.
Si Cuba pasa a formar partes de la naciones democráticas y prósperas del continente estaremos ante un cambio superlativo en el panorama de la región.
Todavía es muy temprano para realizar una evaluación de los cambios en el panorama internacional del último año y los que pueden venir en las próximas semanas. Pero hay algo que es indudable, como expresó con su claridad habitual el presidente Julio María Sanguinetti, la guerra es blanco o negro y nosotros tenemos que estar con Occidente, con la democracia y los derechos humanos y contra las dictaduras y las violaciones de los derechos más elementales.
Es muy triste el papel de la izquierda defendiendo los asesinatos en Irán, la miseria de los cubanos o las violaciones de los derechos humanos en Venezuela. Con quienes defienden estas atrocidades existe y es sano que exista una grieta moral porque transar con tamaña postura es perder lo más nombre y elemental del humanismo. Es insólito que, otra vez , estén del lado errado de la historia. Pero para cualquier ser humano decente no existen dudas sobre en que lado debe estar.