El F.A. contra el país

CUANDO se está preparando un embarque de carne enfriada, desosada y madurada con destino a Estados Unidos, en lo que debe considerarse el primer resultado concreto del viaje a Washington del Presidente de la República, es oportuno recordar tres actitudes del Frente Amplio exhibidas en los últimos meses que, en caso de haber prosperado, hubieran resultado tremendamente perjudiciales para el país. Y para todos los uruguayos.

La primera tuvo lugar en el mes de marzo cuando el Presidente del Encuentro Progresista se opuso con dureza, a través de un reportaje radial, a la recién lanzada operación de canje de la deuda pública. En el momento más inoportuno para esgrimir esa posición, como lo era el de la presentación de la propuesta, no se le ocurrió nada mejor que salir públicamente a censurarla, agregando que la política económica del gobierno no daba confianza a los inversores; que el Uruguay ya había quebrado encontrándose en "default" y que no se trataba de un problema de liquidez sino de solvencia.

FELIZMENTE nadie le creyó y la reprogramación de la deuda, —tanto interna como externa—, tuvo un éxito indiscutible, lo cual sirvió para ratificar dos conclusiones que no por conocidas fueron menos terminantes: que el Presidente del Frente Amplio no tiene predicamento en el país y que fuera de él, nadie lo escucha con seriedad.

Lo que pudo considerarse como un baldón de juicio individual, se convirtió en colectivo pocos días después, cuando la Mesa Política del Encuentro Progresista se solidarizó con aquellas pontificales manifestaciones, aprobando una resolución de seis puntos, dentro de los cuales se decía que "resultaba inconsistente el planteo económico realizado por el gobierno para enfrentar la coyuntura y el mediano plazo". Más allá de las escenas de tensión que se vivieron a la salida de la reunión y de los duros epítetos que se lanzaron contra algunos disidentes, lo cierto es que, por segunda vez, el Frente, ya como partido político, también salió a remar en contra del país.

LA falta de eco de su errónea posición impidió que todos los habitantes del Uruguay, hoy y ahora, estuvieran pasando por situaciones muy difíciles, permitiendo, por el contrario, la aparición de variados índices de sostenida recuperación que cuentan con un sólido respaldo técnico.

El tercer ejemplo lo ofrecieron con su decisión de no votar en la Cámara de Senadores la venia solicitada por el Presidente de la República para viajar a Estados Unidos en el mes de abril, retirándose de Sala al resolverse el asunto y organizando un insólito acto que tuvo lugar en la Plaza Libertad el mismo día y a la misma hora en que se llevaba a cabo una entrevista en la Casa Blanca. Menos mal que resultó una tarde lluviosa y que, además de las conocidas caritas de siempre, fueron muy pocos los que ahora deberían arrepentirse de haber participado en la jornada, porque, precisamente en ese momento, se estaba abriendo otra buena posibilidad económica para el Uruguay.

ES así como el resultado más positivo del viaje, estuvo constituido por la anunciada reapertura del mercado norteamericano a nuestras carnes, concretado pocas semanas después en la adquisición de 51.000 toneladas —ya en vías de ejecución—, lo que revistió importancia no sólo por el tonelaje en sí mismo sino por las expectativas con que permite aguardar el comportamiento de otros mercados. Es de presumir que ninguno de todos los que se alegraron el día en que trascendió esa noticia compartirá aquella actitud del Frente, sobre todo teniendo en cuenta que simultáneamente al desfile de los que protestaban en Montevideo, se estaba generando ese nuevo marco auspicioso de recuperación en nuestra economía.

EL saldo que puede extraerse de esas tres actitudes es que la izquierda nacional sigue tan trasnochada como después de mediados del siglo pasado, y que muertas, desaparecidas o modificadas las técnicas a que se recurriera durante la llamada "guerra fría", entre nosotros hay quienes todavía siguen jugando a oponerse a todo por el simple hecho de oponerse.

En el mundo moderno la lucha política se está librando entre quienes construyen mejor; no en ver quién destruye primero, porque esos procedimientos ya se ha demostrado que no sirven y tanto lo han dejado de manifiesto, que terminaron devorándose a un gigante, como parecía que lo era la Unión Soviética.

En el Uruguay, el Frente Amplio no se ha dado cuenta de los cambios producidos y continúa replegándose hacia viejas y obsoletas trincheras, que lentamente se le están inundando por los cuatro costados. Esa comprobación permite dar por descontado que la madurez política de la mayoría de los uruguayos se impondrá a la minoría destructiva y militante que registran algunos números discutibles.

Para la democracia en el país no deja de ser una auspiciosa perspectiva.

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