El escultor, la profesora y la educación

Si alguien le preguntara ¿qué relación hay entre Young-ho Yoo y Graciela Bianchi? es muy posible que la pregunta le desconcierte. En el primer momento puede asociarlos porque ambos han dado mucho que hablar. El escultor por su gigante celeste que parece ir en camino de convertirse de adefesio, (como muchos lo han catalogado) hasta en emblema de la ciudad. Un proceso semejante al ocurrido en Punta del Este con la mano (de muerto, para algunos) que emerge de las arenas en la playa Brava, otra donación de un escultor, esta vez chileno, Mario Irarrázabal, punto de peregrinaje obligado del turista cámara en mano.

Y la profesora por el revuelo causado al rebelarse contra las malas prácticas en la enseñanza. Pero si al acertijo se le añade al Consejo de Educación Secundaria (CES) el rompecabezas se arma y el hilo conductor es la enseñanza.

Pero no porque los alumnos del Saint George`s School a partir de ahora se encuentran todas la mañanas con el trasero del Greetingman apuntando hacia sus ventanas. Sino porque así como la profesora Bianchi se preocupa por el deterioro que afecta al sistema de educación de este país que se destacaba por su alto grado de alfabetización y nivel educativo, el coreano Yoo proviene de una nación que de estar compuesta hasta hace no muchos años, mayoritariamente por campesinos analfabetos o semi analfabetos, hoy según el último informe PISA, Corea del Sur ocupa el primer puesto en el concierto mundial, por sus mejores resultados en comprensión lectora y conocimientos matemáticos y con buena nota en competencia científica.

Un informe presentado por el Espectador el día 19, sirve para comparar lo que ocurre en ambos estados. El resultado es por demás ominoso, pero ojalá sirva tanto de acicate, como de ejemplo. A través de la educación, este país tremendamente castigado, tras liberarse de la ocupación japonesa en 1945 y quedar por fuera de la opresión comunista, (el contraste entre las dos Coreas no puede ser mayor) ha logrado una reconversión económica y social impresionante y entre los diversos datos, bastan solo algunos, para apreciar la desemejanza con nuestra situación.

El 98% de los estudiantes termina la educación secundaria y casi un 60% logra un título universitario. Los alumnos surcoreanos estudian 16 horas más a la semana, que la media de la OCDE. En las escuelas se brindan unas 6, 7 horas diarias de clase, sumadas a 4 o 5 de lecciones privadas, y tiempo de estudio en casa o en bibliotecas, los estudiantes secundarios. La educación primaria es gratuita y obligatoria, con almuerzo incluido y los 3 primeros años de secundaria también son obligatorios. Pero el 90% de las familias gasta una media de 400 euros al mes, en academias fuera del horario escolar. Los coreanos consideran que en la vida hay que competir y para conseguir sus objetivos, la educación es esencial. Por ese motivo se esfuerzan para que estudien en los mejores (había 411 de enseñanza superior en 2010) institutos y universidades. El estado dedica casi el 7% de su PBI a la educación, con partidas especiales para estudiar en Estados Unidos, China o Europa. Los colegios públicos, aunque gratuitos, reciben donativos de las familias para mejorar las instalaciones o al profesorado. De acuerdo a la Han -Association, hay un gran respeto por la figura del profesor," personas que eligieron transmitir sus conocimientos", los cuales se encuentran entre "los profesionales mejor pagos". Estos se someten a evaluaciones periódicas en las que participan los estudiantes y los padres para mejorar su índice de especialización.

En cambio aquí, donde 7 de cada 10 alumnos no termina la educación secundaria, a la profesora Bianchi, directora del Liceo Bauzá, establecimiento donde la deserción bajó de 24% al 13% entre 2010 y 2011, gracias a un control estricto y permanente de la asistencia, las autoridades la han llevado a renunciar. La persiguen por no aplicar las laxas normas oficiales que contribuyen al actual fiasco, en lugar de apoyarla. En vez de hacerse una investigación ante las denuncias de corrupción que realizó Bianchi sobre la elección de inspectores para Montevideo, hace un mes el CES ordenó indagar si la autoridad del liceo Bauzá incrementó las exigencias a los estudiantes. La carta presentada al CES por los docentes del Bauzá defiende la libertad de cátedra y reivindica lo hecho y sus resultados. El nuevo Instituto de Evaluación debería empezar por aprovechar la experiencia.

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