El año de todas las oposiciones

Se termina un año que ha dejado un sabor amargo en torno al tono y al contenido de la oposición política del país. El Frente Amplio (FA) retomó con su peor práctica de los años 1990-2005 y no parece estar dispuesto a poner el hombro a los grandes temas nacionales.

En primer lugar, la izquierda no reconoció como debía la derrota del referéndum sobre la Ley de Urgente Consideración, que generó y que culminó con el triunfo oficialista en marzo pasado. Llevó adelante una campaña electoral realmente infame, llena de las mentiras más increíbles: desde que la enseñanza pública habría de ser privatizada, hasta que se propiciaría el gatillo fácil policial, pasando por que se multiplicarían los desalojos inmediatos por los cambios de la Ley de Urgente Consideración, el debate público se llenó de decenas de disparates izquierdistas durante semanas.

Perdió, pero siguió combatiendo como si el pueblo no se hubiera pronunciado. En efecto, el año que termina fue el de mayor combatividad sindical en mucho tiempo.

Se perjudicaron así los estudiantes, por paros y movilizaciones que procuraron frenar una reforma que no solamente busca mejorar la calidad de nuestra enseñanza, sino que, además, fue ratificada por el pueblo precisamente en ese referéndum de marzo.
En segundo lugar, el

Frente Amplio intentó a lo largo del año negar, relativizar y minimizar todo lo que ha sido la evolución favorable de la economía del país luego del terrible episodio de la pandemia al que se sumó, en febrero pasado, las consecuencias radicales de la guerra iniciada por Rusia en Ucrania.

La economía siguió creciendo, y con tasas más importantes de las previstas; conservamos el grado inversor, con lo que eso significa de positivo para la evolución de la deuda uruguaya; la inflación empezó a poder contenerse, a pesar de las fuertes alzas de precios que se verificaron en países tan diferentes como Estados Unidos, España o la propia vecina Argentina; el desempleo bajó y la tasa de ocupación subió; también empezó a recuperarse el crecimiento del salario real; y la pobreza, luego del pico de 2021, comenzó a bajar.

Lejos de admitir todas estas buenas noticias, el Frente Amplio no paró de insistir en que se vivió poco menos que el peor año en décadas.

Además, la izquierda apoyó con fuerza toda la operación de las llamadas ollas populares y solidarias con el fin de dar la idea ante la opinión pública de que la pobreza había aumentado y que el gobierno actual no se ocupaba de ayudar a los más necesitados.

A pesar de que metódicamente todas esas operaciones fueron desmentidas, y que incluso dieron lugar en algunos casos a denuncias penales por parte del gobierno, el hecho es que el tono opositor de la izquierda estuvo así marcado a lo largo de todo 2022.

El ejemplo más evidente de todo esto ha sido la novela que ha querido instalar la izquierda en torno a las actuaciones del custodio presidencial Astesiano.

En vez de destacar la impecable institucionalidad del país, que lleva a que alguien tan cercano al presidente de la República termine preso, y que sea la propia policía nacional la que investiga y genera que organizaciones delictivas que actuaban desde al menos 2013 en los casos de los pasaportes falsos paguen sus responsabilidades penales, el Frente Amplio se dedicó a sembrar dudas sobre la institucionalidad del país y sobre las responsabilidades del gobierno en las actuaciones de Astesiano. Todo con tal de horadar la históricamente muy alta imagen del gobierno y del presidente.

En los temas relevantes para el país tampoco la izquierda mostró estar a la altura de lo que nuestra democracia precisa como oposición seria y constructiva.

En efecto, a pesar de saber que la reforma de la seguridad social es necesaria desde hace lustros, no acompañó en lo sustancial un proyecto que sin duda alguna es estudiado y plantea una solución gradualista y posible.

A nivel internacional, no sólo no acompañó la necesaria apertura de nuestro comercio internacional, sino que no ha perdido oportunidad de alinearse tras los intereses de Argentina y de Brasil para fortalecer un Mercosur que, así como está, no es una plataforma de mayor desarrollo comercial para nuestros productos.

El vigor reformista del gobierno mostró toda su potencia en este 2022. También quedó claro que, más allá de matices, los partidos de la Coalición Republicana tienen sentido de responsabilidad y apoyan el camino emprendido desde 2020.

Pero lo realmente novedoso políticamente, luego de la salida de la tragedia de la pandemia, es que este 2022 ha dejado en claro que el principal objetivo de la izquierda es poner el palo en la rueda del país.

Ha sido el año de todas las oposiciones.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar