Duele Montevideo

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Para usar una expresión en boga entre políticos y aficionados a las redes sociales: Duele Montevideo.

Es que, efectivamente, estamos viendo como la administración de Carolina Cosse -si es que puede llamarse “administración” a este rejunte cambalachesco- ya da pena y la ciudad lo siente y se resiente.

La verdadera grieta que sufre nuestro país y el departamento que alberga a la ciudad capital no es entre oficialismo y oposición, es entre los verdaderos problemas de los montevideanos y las preocupaciones ridículas de los jerarcas de la Intendencia, comenzando por la jefa comunal. Los ejemplos sobran, pero algunos vienen a cuento para ilustrar el punto que el lector, si vive en Montevideo o le toca venir cada tanto, conoce sobradamente.

Para comenzar, es evidente que Carolina Cosse, pese a que prometió en la campaña que iba a cumplir todo el período al frente de la Intendencia de Montevideo se encuentra en campaña para ser precandidata a la presidencia y opina todos los días sobre algún tema nacional que no le incumbe. Está totalmente fuera del foco que debería tener si respetara a los montevideanos, todos los días centrada en salir en los noticieros con una crítica altisonante al gobierno, y cuando puede especialmente al Presidente de la Republica.

Es claro que va a faltar, una vez más a su palabra. Sepan los montevideanos que como ella misma ya ha esbozado les mintió: no va a cumplir su mandato, lo va a abandonar para intentar ser candidata, aunque dentro de su partido no parece apoyarla nadie. Pero no solo es que les va a faltar el respeto cuando se concrete su precandidatura, ya lo está haciendo al estar dedicada a ella misma -como en cada cargo que ocupó con pésimos resultados para los uruguayos- y no a los temas que padecen los montevideanos cotidianamente.

La verdadera grieta que sufre nuestro país y el departamento que alberga a la ciudad capital no es entre oficialismo y oposición, es entre los verdaderos problemas de los montevideanos y las preocupaciones ridículas de los jerarcas de la Intendencia.

El tema se sigue complicando cuando vemos cuáles son los temas prioritarios para Cosse y el escaso tiempo que le dedica a Montevideo. Se dedica a temas de nulo impacto en la vida de los ciudadanos de la capital, como proponer cambios de nombres a las calles del Centro, algo que nadie sensato siquiera pensaría. Si quiere homenajear a Pirulo bien puede hacerlo en otros espacios, pero querer cambiarle el nombre a calles que todo el mundo ubica desde que tiene uso de razón es de una megalomanía insuperable.

Mientras tanto, y sin que se enteren en el Palacio de 18 de Julio y Ejido -si es que esa calle se sigue llamando así- ignoran olímpicamente que nuestra capital está cada vez más sucia, más desprolija, con las veredas más rotas y el tránsito más trancado. Da vergüenza ver la cara de los turistas que nos visitan, escuchar sus comentarios o intentar dar alguna explicación. ¿Por qué los espacios públicos están hechos un mugrero? ¿Por qué la ciudad está tan mal iluminada para bien de los delincuentes? ¿Por qué cuando uno circula por las calles del Centro, Rivera, Garibaldi o General Flores va saltando cómo si anduviera a caballo? ¿Por qué los contenedores son un basural en cada esquina? ¿Por qué no hay obras de infraestructura para mejorar el tránsito? ¿Por qué las empresas de transporte colectivo siguen con la vaca atada de espaldas a los montevideanos? ¿Por qué no nos podemos parecer más a Trinidad, Maldonado o Colonia, para no poner el ejemplo de Buenos Aires o Santiago?

Montevideo es una ciudad espectacular, afeada por la desastrosa gestión del Frente Amplio. Con muy poco podría brillar, pero no hay ideas y el presupuesto se va en prebendas, acomodar gente para “atraer inversiones”, escribir “informes sobre el Ferrocarril Central” o ir de observadores a legitimar la ocupación de Rusia en Ucrania, o en “gastos de funcionamiento”.

Con una gestión que reparara las veredas en vez de esperar que lo arreglen los vecinos o los fantasmas en caso de los inmuebles abandonados, mantener las calles, poner focos de luz, realizar obras de mantenimiento de los espacios públicos y cambiar el transporte en beneficio de los usuarios ya mucho cambiaría. Si a eso le sumamos un poco de visión para pensar una ciudad hacia el futuro Montevideo podría volver a ser la tacita del Plata, gracias a la gran cantidad de extranjeros que están atrayendo las acertadas políticas del gobierno nacional.

Pero bien sabemos que nada podemos esperar de Cosse y su baracutanga. Están para las fotos en los sociales y la afiebrada idea de que puede ser presidente de la República. Mientras tanto, quienes vivimos en Montevideo debemos sufrir su desapego a la gestión, sus delirios de grandeza y su falta de capacidad.

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