En las últimas horas llamaron mucho la atención las declaraciones del economista Gabriel Oddone intentando denostar la gestión al frente del Ministerio de Economía y Finanzas de Azucena Arbeleche. Decimos que lo intentó porque ciertamente no lo logró. La crítica de Oddone es la de un sesentón recién forzado a jubilarse con demasiado tiempo libre que no puede tolerar que una mujer más joven e inteligente que él haya llevado adelante una de las mejores gestiones de nuestra economía que recuerda la historia reciente del país.
Las extemporáneas declaraciones de Oddone de esta semana pueden causar sorpresa en quien lo tenía catalogado como una persona calma dispuesta a realizar informes a pedidos de empresas con la mejor disposición. Sin dudas el cambio de tono obedece a una estrategia muy clara: la resistencia que genera su nombre como posible ministro de economía de Yamandú Orsi en caso de que llegue a la presidencia de la República. Para intentar convencer a quienes lo miran con malos ojos, en especial socialistas y comunistas, Oddone desciende al barro de la campaña pegándole a Arbeleche para tratar de congraciarse con los sectores más radicales de la izquierda.
Esta movida de Oddone es una mala noticia por varias razones. La primera es que demuestra su desesperación por ocupar el viejo edificio de Colonia y Paraguay, algo que lo lleva a hacer cosas que contrastan con la imagen que hasta el momento teníamos de él. El economista de empresas de trajes caros y frases rimbombantes de escaso contenido da paso a una figura más oscura, que está dispuesta a cualquier cosa por llegar al poder.
La segunda mala noticia es que si está dispuesto a todo por ser ministro no va a poder ser el garante de la estabilidad económica frente a los desbordes de los radicales frentistas que son mayoría dentro de la coalición de izquierda. Si tiene que sacrificar las cuentas públicas para ser ministro lo va a hacer, o si tiene que subir impuestos lo va a hacer, todas pésimas novedades para los ingenuos que veían en Oddone una garantía de moderación en el Frente Amplio.
Asimismo, la falsedad de las acusaciones de Oddone son por demás claras. Decir que Azucena Arbeleche no ha sido la ministra de economía de este gobierno cuando es de público conocimiento que ha dejado todo lo que tiene en esa función, que lideró un equipo económico de excelencia y que aplicó las medidas más acertadas posibles es un verdadero insulto gratuito.
Intentar denostar a una profesional destacada que decidió dedicarse a la cosa pública con vocación con un enorme sacrificio personal es directamente deleznable.
Decir que el verdadero ministro de economía es el presidente es no entender nada. Fue justamente cuando el presidente tuvo una mala relación con su ministro de economía que en los gobiernos del Frente Amplio se dieron los mayores dislates imaginable como fundir Ancap, la regasificadora, comprar un horno que nunca se instaló y un largo etcétera de perdidas millonarias para el Estado. La confianza, la buena relación y el respaldo político del presidente de la República a la ministra de economía es un activo de este gobierno, no un demérito. Y, demás está decirlo, es de un machirulo en edad provecta afirmar que es un hombre el que debe tomar las decisiones por una mujer. Sería bueno que las compañeras de Oddone lo actualizaran un poco respecto a que las mujeres hoy en día puede ejercer las mismas tareas que los hombres con igual o más éxito, aunque les duela a los machistas que siguen siendo demasiados en nuestro país.
Azucena Arbeleche ha estado al frente de muy diversas políticas, incluyendo las que mejoraron el clima de inversión, permitieron que se crearan unos 100.000 empleos en los últimos años y tengamos números récord históricos de salarios real. Con Arbeleche se vive mejor, aunque a Oddone le duela. Por cierto que también fue una excelente ministra de hacienda, no razonable como afirme mezquinamente Oddone. El riesgo país de Uruguay y lo que nos hemos ahorrado de intereses de deuda son por demás elocuentes.
En definitiva, el episodio del ataque personal que Oddone le espetó a Arbeleche demuestra que incluso los intelectuales progres más presuntuosos se tiran de cabeza al barro cuando ven que lo necesitan para conseguir un cargo. No es por cierto el camino que ha hecho Azucena Arbeleche y es una de las muchas razones por las que la actual ministra sigue estando impoluta mientras mira con sorna cómo su colega que pretende sucederla se revuelca en el lodo.