Despacio por las piedras

Cuando, a muy poco tiempo de haberse firmado el Tratado de Asunción, en marzo de 1991, el presidente Lacalle consultó a los líderes de todos los partidos respecto a la aprobación parlamentaria y subsiguiente ratificación del instrumento constitutivo del Mercosur, la respuesta fue muy rápida y unánimemente afirmativa.

Tras la exposición inicial del doctor Lacalle, en un periquete todos los presentes, entre los que se contaban los señores Pacheco Areco, Sanguinetti, Batlle, Seregni y Vázquez, dieron su asentimiento al trascendente paso que se iba a dar. La ronda de consultas no llegó a durar diez minutos. Es que existían razones claras en favor de nuestro ingreso al Mercosur.

PEC y Cauce mediantes, nuestro intercambio con Argentina y Brasil rondaba por entonces el 35% de nuestro comercio externo. Al desaparecer los aranceles aduaneros entre ambas naciones vecinas, en razón de entrar en próximo funcionamiento la zona de libre comercio pactada en Asunción, si nos quedábamos afuera del Mercosur no podríamos competir con Argentina en el mercado brasileño ni con Brasil en el mercado argentino. Ellos se venderían recíprocamente a arancel cero y nosotros, aun con las desgravaciones arancelarias resultantes del PEC y del Cauce, tendríamos que seguir pagando gravámenes aduaneros que imposibilitarían la competencia.

No teníamos alternativa. Nuestro ingreso al Mercosur, que podía depararnos beneficios y además impedir el grave perjuicio señalado, estaba en la tapa del libro. Tanto lo estaba, que el Tratado de Asunción se aprobó por unanimidad en el Senado y con tan solo uno o dos votos en contra en la Cámara Baja. Fue la única vez, en las cuatro legislaturas anteriores a la actual, que el Frente Amplio votó afirmativamente una ley identificada con el interés nacional.

El Mercosur resultó para el Uruguay, durante algunos años, una experiencia favorable, al punto que nuestros intercambios con los tres países asociados llegaron a crecer hasta un 49% del total de nuestro comercio exterior. Ahora sus acciones están en baja en Uruguay, pues dicho 49% se ha reducido más o menos a la mitad, en números gruesos.

Reiteradas decisiones egoístas de nuestros dos grandes vecinos, claramente contrarias a la letra y al espíritu de las disposiciones acordadas en Asunción y en Ouro Preto, condujeron a nuestro país, en lo estrictamente comercial, a esta situación. Lo obligaron, en efecto, a buscar otros mercados, particularmente el de los Estados Unidos, diversificando el destino de sus exportaciones.

Además, en lo político, las relaciones con ambos países se han tornado cada vez más dificultosas. Sobre todo con Argentina, cuyo atrabiliario presidente -un verdadero campeón de la guaranguería- ha obrado el milagro de poner de acuerdo a todos los uruguayos en una cuestión. Que no es otra que el desagrado creciente frente a su persona, al círculo de sus acólitos y a su gobierno. Por añadidura, la estructura institucional del Mercosur no funciona, trabada por Kirchner desde su presidencia "pro témpore" y con la aquiescencia de Brasil, cuando nuestro gobierno reclama que se reúna el Consejo del Mercado Común para considerar la ostentosa violación argentina del artículo 1° del Tratado de Asunción, en directo perjuicio de Uruguay. Y no solo de Uruguay.

En tan lamentables condiciones, ganas dan, por cierto, de dar un portazo e irse del Mercosur. No pocos compatriotas están en esa tesitura y el doctor Vázquez amagó sumarse a ellos en diálogo con un periodista de Canal 10. De ninguna manera hay que descartar que ese sea el final de nuestra aventura mercosuriana, pero despacio por las piedras. Nuestro principal comprador, de enero a marzo, fue el dúo Argentina-Brasil (22,8%). Si abandonáramos el Mercosur, esas exportaciones se vendrían al suelo.

Se hacen necesarios nuevos mercados; ampliar el comercio con los EE.UU. -en ello se está- y no solo con ellos, para no depender más de vecinos tan egoístas como los que nos deparó la geografía. Pero sin olvidar una frase de Batlle: "En política (doméstica) el que se precipita, se precipita". Vale también en lo internacional.

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