Decadencia y huida de Montevideo

Los datos estadísticos se acumulan uno tras otro y todos van en el mismo sentido: en un contexto de muy bajo crecimiento poblacional de todo el país, Montevideo pierde gente hace ya muchos años. Desde 1996 que en Montevideo, Canelones y Maldonado viven tres de cada cinco uruguayos. Pero entre 1996 y 2023 la capital perdió en saldo neto cerca de 30.000 personas, y los otros dos departamentos ganaron más de 143.000 y más de 93.000 respectivamente.

Lo sabe el sistema político, que ve cómo en cada elección la primera circunscripción electoral que es la capital no solamente no crece en cantidad de Diputados sobre el total de 99 sino que por el contrario decrece. Los que ganan Diputados en estos últimos lustros son, por ejemplo, Canelones y Maldonado. Eso refleja políticamente que la población de Montevideo es relativamente cada vez menos numerosa y que una parte de ella ha emigrado a departamentos cercanos.

Lo sabe también cualquiera que constate el crecimiento en Canelones de los barrios privados, que ya suman aproximadamente 30.000 personas entre sus residentes. El movimiento ya lleva décadas y es siempre en la misma dirección: son sobre todo montevideanos que se van moviendo hacia el este. Procuran una mejor calidad de vida en sus casas y barrios, y eso pasa por belleza y seguridad. En los noventa fueron los balnearios canarios que formaron una especie de ciudad de la costa; luego han sido los barrios privados que han ido instalando incluso servicios de educación y salud específicos dentro de sus límites; y ahora también el corrimiento habitacional incluye grandes desarrollos inmobiliarios hechos de edificios que alcanzan hasta la zona de Atlántida, es decir a cerca de 50 km de la capital y pasando un peaje de carretera.

La huida de la capital ha involucrado finalmente a Maldonado. Por un lado, es evidente que se trata del departamento más pujante del país y que ha ganado población de distintos orígenes. Por otro lado, es claro también a partir de los resultados del último censo, que hay cada vez más residentes en Punta del Este: muchos forman parte de la tercera edad y allí viven con tranquilidad y seguridad sus retiros laborales. Hay muchos también que son familias que aprecian las ciudades fernandinas limpias, bien aspectadas y seguras. Maldonado ha ido ganando en servicios claves como son, por ejemplo, educación de calidad hasta el nivel terciario y una mejor salud tanto pública como privada.

Mientras que todo ese movimiento poblacional ocurre a simple vista, Montevideo se sigue pauperizando. Ha sido una suerte que terminara primando el sentido común y se dejara de lado una obra tan faraónica en el centro de la ciudad: en definitiva, alcanza con tomar nota de los verdaderos puntos calientes cotidianos del tránsito en la capital para darse cuenta de que el problema no está en 18 de Julio sino, justamente, en las arterias que van y vuelven hacia el este y se atiborran de vehículos.

Como quien gobierna Montevideo es la izquierda hace más de 35 años, no hay una crítica furibunda y extendida que muestre las enormes responsabilidades políticas y de gestión que están atrás de esta huida hacia el este. La cultura dominante, izquierdista, siempre encuentra excusas para justificarla y para quitar trascendencia a este movimiento que ha involucrado en estas décadas a cientos de miles de uruguayos.

Sin embargo, hay que decir claramente que la huida de Montevideo es la señal más fuerte de la decadencia generada por todos sus gobiernos de izquierda: espacios públicos venidos a menos, mugre en todas partes y permanentemente, imprevisión para enfrentar cambios en el entretejido del transporte colectivo, y una política tributaria departamental que de ninguna manera ha buscado revertir todo este trajinar poblacional que, por cierto, tanto desgasta a la convivencia: son miles los uruguayos que buscando paz, belleza y tranquilidad en el entorno de sus casas en Canelones, por ejemplo, terminan teniendo que pasar horas en sus automóviles porque sus trabajos siguen vinculados a Montevideo. Y son miles también, los que prefieren refugiarse en Punta del Este para vivir sus últimos años de vida antes que permanecer en una capital que ha perdido el brillo de antaño y cuyos espacios públicos se han transformado en algo sumamente hostil para las personas mayores.

Urge que blancos y colorados expliquen todo esto a los montevideanos y presenten una propuesta alternativa seria de gobierno. Será la única forma de parar la decadencia y huida de Montevideo.

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