Datos de inseguridad

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La situación de inseguridad sigue siendo mala. Sin embargo, cuando se revisan las cifras concretas de los últimos 30 meses de gestión de la administración Vázquez y se las compara con los primeros 30 meses de la actual administración, no hay duda de que estamos ante una evolución positiva.

Los datos fueron publicados la semana pasada por el ministerio del Interior. Importa dejar claro que la mala fe en el debate de parte de la oposición izquierdista ha procurado dañar la credibilidad de las cifras en dos sentidos. Primero, al dar a entender de que por causa de la pandemia los delitos sólo podían bajar. Se negó así la evidencia de que en Uruguay no hubo encierros forzosos y que el mundo del delito conservó sus lamentables rutinas; que la economía real siguió funcionando sobre todo en la producción agropecuaria, y que por tanto, por ejemplo, se mantuvo potencialmente vigente el delito de abigeato; y que, en medio de tantas dificultades sociales, los datos internacionales mostraron que, en realidad, los delitos de violencia familiar aumentaron en pandemia.

En segundo lugar, la izquierda ha querido dar a entender que el gobierno ha manipulado las cifras. Desestimó así que los mismos equipos que se ocuparon de las estadísticas en tiempos de la gestión de Bonomi al frente de Interior han sido los que se mantuvieron en esa tarea a partir de 2020. En definitiva, el Frente Amplio (FA) jamás aportó ninguna prueba contundente que generara alguna duda razonable sobre la confiabilidad de las cifras: sus denuncias siempre orillaron la exageración de mala entraña, o tomaron casos aislados de errores o problemas puntuales para ser presentados mentirosamente como si existiesen grandes falencias.

“Falta mucho para seguir mejorando, pero a la baja de los delitos debe sumarse un respaldo político a la tarea de la policía y acciones de represión del delito muy relevantes como son el récord de incautaciones de drogas”.

Así las cosas, ¿qué muestran las cifras concretas de la evolución de los principales delitos cuando se comparan los dos períodos de 30 meses? Homicidios, hurtos, rapiñas, violencia doméstica y abigeato, todos, bajaron a partir de marzo de 2020. Hubo así 156 homicidios menos; casi 11.000 rapiñas menos; cerca de 800 abigeatos menos; 67.186 hurtos menos; y 2.805 denuncias menos de violencia doméstica en los 30 meses de gobierno de Lacalle Pou con relación a los últimos 30 meses de la segunda administración Vázquez.

La administración de la Coalición Republicana (CR) hizo dos cosas muy importantes. Primero, cambió la tendencia de la evolución del delito. En efecto, los últimos 30 meses de la administración Vázquez fueron los peores de 15 años de administraciones frenteamplistas en las que, invariablemente, los principales delitos fueron todos en aumento. Piénsese, sin ir más lejos, que la promesa de Vázquez en la campaña de 2014 implicaba bajar las rapiñas a cerca de 15.000 por año, y terminó entregando el poder con más del doble de esa cifra.

Quiere decir entonces que el mero hecho de quebrar esa tendencia al alza ya implicó un cambio muy importante. En segundo lugar, al quiebre se sumó una baja sustancial que, dejando de lado los datos de violencia doméstica, promedian en general un 16% menos entre 2020 y 2022 que entre 2017 y 2020. Por supuesto que sería un error darse por satisfecho: el promedio anual de rapiñas, por ejemplo, sigue siendo superior a 25.000 por año, lo cual es una cifra altísima. Sin embargo, es un dato mucho menor que las más de 30.000 por año con las que Vázquez cerró su administración.

Todos estos datos son muy importantes. Pero además debe sumarse un evidente mayor respaldo político a la tarea de la policía, y acciones de represión del delito muy relevantes, como ser, por ejemplo, que llevamos en este 2022 un récord de incautaciones de estupefacientes: los golpes al narcotráfico no solamente ocurren contra el narcomenudeo, sino que también se ataca a las grandes organizaciones que habían tomado al Uruguay como base logística para la exportación de sus productos ilegales hacia otros continentes.

Cuando el sistema político debate de temas de inseguridad es muy importante tener claro de qué estamos hablando, con datos y evoluciones que no dejen la menor duda de cuál es el rumbo del país. Infelizmente, el FA critica muchas veces la acción represiva del gobierno dando golpes de ciego: señala, por ejemplo, una degradación en recientes datos de homicidios mensuales, pero omite admitir que el peor balance en ese sentido sigue siendo, incluso hoy, el de la segunda administración Vázquez.

Bienvenida esta comparación de datos de largo plazo que pone en su lugar los resultados del FA y los de la CR al mando de la represión del crimen. Falta muchísimo por seguir mejorando.

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