Finaliza el año. ¿A qué punto hemos llegado? Siempre hubo y habrá esperanzas y frustraciones, grandes proyectos y menores realizaciones, avances, algunos altos en el camino, alegrías, decepciones... Pero, en el fondo, estamos muy satisfechos con el producto final de este proceso: este querido Uruguay, obra de las generaciones que nos han precedido y de la nuestra con cuyos ideales -y el de la libertad es el supremo- todos sentimos que estamos comprometidos. Reproducimos el editorial del 30/XII/97 porque refleja el orgullo de ser lo que somos. Helo aquí:
"Como uruguayos, no tenemos razones para ser pesimistas. Es verdad que hemos cometido errores, que varias veces nos hemos equivocado y que existen y existirán pequeños y grandes problemas por resolver. Pero, aun así, esperamos encararlos con éxito, paulatinamente y con continuidad, firmeza y buena voluntad. Y, también, con esa capacidad que nos da nuestro indesmentible elevado nivel cultural. Somos pocos. Apenas tres millones de habitantes en un mundo superpoblado y vivimos en un rincón del planeta que, para los países del Primer Mundo, está allá lejos, en el remoto sur, distante de todo y apretado entre dos gigantes. Somos pocos pero no poca cosa.
Poseemos un territorio apto para vivir bien, con un clima adecuado para desarrollar nuestra inteligencia y aplicar nuestras energías, con suelos feraces, con extensísimas playas, en un lugar estratégico como punto de entrada al corazón del continente. Ni temperaturas insoportables ni desastres naturales de magnitud, ni accidentes topográficos que nos dividan. No se cierne sobre nosotros la amenaza de un hambre generalizado porque la tierra es generosa y nos basta querer agacharnos sobre ella, no para enriquecernos sino para producir los alimentos que necesitamos para nuestro consumo y que el mundo, pendiente del fantasma malthusiano, siempre nos reclamará.
Carecemos de los atractivos yacimientos que pueden llenar rápidamente las arcas del Estado pero, igualmente, despertar la codicia de unos, arruinar la mentalidad de otros e hipotecar la mentalidad nacional. En cambio, poseemos más de diez vacunos y ovinos por cada habitante y producimos cereales, arroz y lácteos, forestamos en forma creciente el suelo no adecuado para otros fines y explotamos el mar adyacente. Nuestra industria gana en competitividad y calidad y se acomoda a los nuevos tiempos.
... nuestros tres millones carecen de relevancia numérica. Hay decenas y decenas de ciudades que totalizan esa población y, por cierto, no somos más que un barrio de una gran urbe. En ese contexto, casi un país de juguete.
Sin embargo, ¿qué barrio de una megalópolis... ha tenido tanta actuación significativa en tantas actividades, simultáneamente? Porque es una verdad que rompe los ojos que nuestros tres millones se han destacado en sectores tan dispares como diversos deportes, artes interpretativas, pintura, literatura, ciencias, arquitectura, derecho, caricatura, etc., y ello ha ocurrido y sigue ocurriendo, junto con un notable progreso de la legislación social, y un civismo que se identifica con todos nosotros.
Quizás nuestros defectos sean... demasiado espíritu crítico, tendiente al escepticismo e inhibitorio de la acción... y desconfiar de quien se destaca y de quien triunfa. Pero, aun así, el saldo es positivo. Pensemos que... atendiendo a las proporciones demográficas, Brasil tendría que tener casi 60 veces más de cuanto tenemos o logramos nosotros: más ingenieros y médicos, más títulos deportivos, más músicos y pintores importantes, más y mejor de todo, y no aisladamente sino en conjunto.
No decimos nada de lo que antecede para cimentar nuestra vanidad nacional, lo marcamos porque estamos serenamente orgullosos de lo que somos y porque, de esta manera, nos obligamos a asumir la responsabilidad de no defraudarnos a nosotros mismos, de no desalentarnos frente a carencias que debemos subsanar y de bregar por llegar a la cumbre, aunque nunca la alcancemos".