Cuando se está en campaña electoral, a veces la euforia lleva a comprometer al electorado en determinadas conductas que al asumir el poder, se advierte que no es tan fácil llevarlas a cabo. El ejemplo más elocuente y actualizado que hoy se puede recordar es el del famoso "Uruguay productivo" que el Frente Amplio anunció como uno de sus buques insignia de la campaña anterior y todavía lo estamos esperando. Por eso hay que tener cuidado con lo que se promete.
Por ejemplo, vigente la reforma tributaria, de toda la oposición partió el anuncio que el IRPF habría de ser derogado. Afortunadamente, estando a tiempo, ya se aclaró que ese es un compromiso programático, por cuanto es imposible que de la noche a la mañana pueda sustituirse todo un sistema elaborado con enormes dificultades -porque además de injusta esa reforma resultó a la vez muy complicada y hubo que modificarla varias veces, ya que el propio gobierno daba señales de no entenderla- por otro que razonablemente hay que pensar habrá de requerir, ahora sí, un acuerdo interpartidario claro y prolijo. Queda sin embargo en pie y ello sí debería implementarse de inmediato, la promesa generalizada de eliminar, por abusivo e inconstitucional, el impuesto que grava las pasividades.
Pero lo que se prometió enfáticamente también por la oposición entera, casi como primera medida a tomar por el nuevo gobierno, es la derogación de la denominada "Ley de Educación", bajo cuya vigencia comenzarán en pocos días los cursos de enseñanza en todo el país. Ello es imperioso, porque la ley ni sirve ni soluciona nada, es inadecuada. Basta con decretar la voluntad derogatoria y la reimplantación de la ley anteriormente vigente y a continuación, abocarse a estudiar la necesidad de una seria reforma, convocando a los técnicos reconocidamente idóneos en la materia, que el país los tiene, para proceder en consecuencia.
El diputado José Carlos Cardoso, expuso el 4 de diciembre en la Cámara de Diputados la posición del Partido Nacional. Comenzó observando el absurdo trámite que siguió la ley, en donde quien menos intervino fue justamente el Parlamento.
Denunció la caricatura del debate educativo que desembocó en la Torre de Babel de un Congreso en donde se tomaron decisiones desordenadas, contradictorias e incomprensibles. Llegó al Poder Legislativo con el amparo solitario del gobierno, porque el Frente Amplio, con su Presidente y a la vez Ministro de Educación, Sr. Brovetto, -con los dos sombreros puestos-, tomó por el atajo y salió con un proyecto de cuya elaboración fueron excluidos los Partidos políticos, a pesar que todos, el Partido Nacional con el Presidente del Directorio, el Dr. Larrañaga, el Partido Colorado con su Secretario General Dr. Julio María Sanguinetti y el Partido Independiente -representado por Pablo Mieres- fueron convocados en marzo de 2005 por el Presidente de la República para que trabajaran en proyectos sobre economía, educación y relaciones exteriores.
En esos encuentros se acordó proyectar una ley de educación. Esta ley no tiene ni siquiera el respaldo de buena parte del Frente Amplio. No recoge ni la riqueza, ni la diversidad, que tiene el país para analizar un tema de esta trascendencia, arrincona e ignora a la educación privada, redefine equivocadamente el concepto de laicidad, al que se le quita la connotación de "imparcialidad" que tenía la legislación en vigencia, define la educación pública en un escenario ideológico y no defiende al alumno del adoctrinamiento que puede ser objeto por parte del docente.
Además, es una ley esencialmente conservadora, no conmueve ni remueve la institución educativa tal cual se sustenta hoy, intenta reproducir para la enseñanza primaria y secundaria, un modelo similar al universitario en algunos aspectos de coparticipación y cogobierno, lo cual es una idea obsoleta, propia de la generación del cuarenta, que cristalizó en la Ley Orgánica de 1958.
Por otra parte, impone un fortalecimiento burocrático en base a un entramado de poder harto complejo y un nivel de participación corporativa docente, de marcada inconveniencia.
Por estas y otras razones que el espacio nos impide desarrollar, este compromiso de derogación es de cumplimiento ineludible.
A no olvidarse.