¿Cómo hacer oposición?

Estamos iniciando el segundo año de administración Orsi. El gobierno izquierdista se ha limitado en cumplir, parcialmente, pequeños objetivos. Sus ambiciones son escasas. La evaluación de la opinión pública lo sitúa con perspectiva negativa. Además, estamos entrando en recesión y todos los análisis económicos plantean que el futuro para nada asegura poder crecer a las tasas necesarias para cumplir con las expectativas de la mayoría que en 2024 llevó al Frente Amplio (FA) al poder. ¿Cómo pararse en la oposición frente a este panorama?

En primer lugar, hay un estado de situación que tiene que ser bien entendido por todos. Por un lado, todo el mundo sabe que la alternativa al FA es la alianza de partidos que se ha dado en llamar Coalición Republicana (CR), y en particular reside en la tarea conjunta de blancos y colorados. Por otro lado, es sabido que las ecuaciones parlamentarias son diferentes en el Senado y en Diputados: en la Cámara alta, hay mayoría absoluta del FA; en Representantes, si todos los partidos que no son el FA se coordinan, alcanzan mayorías que pueden censurar a un ministro de gobierno.

En segundo lugar, es evidente que hay temas que interesan más que otros a la opinión pública. Algunos asuntos son de nicho, como las compras del Instituto Nacional de Colonización. Otros son importantes, pero no forman parte del cotidiano de la gente, como por ejemplo la política exterior. Y otros son problemas que están en el día a día y que son los que más repercusión popular tienen. De acuerdo con todas las encuestas, y con el sentido común más elemental, hay dos que son hoy claves: la inseguridad y degradación de la convivencia, y la economía, sobre todo en torno a las fuentes laborales, la rentabilidad de las empresas y el ingreso de los hogares.

Así las cosas, es claro que los partidos de la CR deben fijar una coordinación de trabajo que permita una tarea de equipo que cubra estos distintos asuntos. Evidentemente hay temas de agenda que son de perfil más propio del Partido Nacional y otros que responden más a las preocupaciones coloradas, por ejemplo. También, cada partido razonablemente querrá tomar postura ante actualidades más candentes, por lo que es natural que haya participación plural para marcar posiciones en todas ellas. Y finalmente, importa mucho para la institucionalidad y el desarrollo de largo plazo del país que se sigan los asuntos de Estado, como la política exterior o la de defensa nacional, aunque sea claro también que no todos los elencos partidarios tienen vocación para seguirlos al detalle.

En cualquier caso, lo evidente para hacer oposición es que debe haber un trabajo en equipo que distinga los diferentes escenarios posibles y procure ser eficiente en los resultados. El nefasto alineamiento izquierdista internacional de este gobierno, por ejemplo, es algo importante pero que perfectamente puede ser tratado por diputados o senadores de la CR dedicados a estos asuntos en instancias específicas.

Sin embargo, cuando se trata de problemas que hacen al diario vivir de la gente, y que forman parte de los déficits de gestión de esta administración de Orsi, es muy relevante que exista una oposición aguerrida y exitosa en sus planteos.

En concreto, el país está esperando el bendito plan de seguridad planteado por el ministro Negro. Se precisa que la oposición aguarde esa exposición y que luego la critique con fundamento. Debe plantear además una posible y eficiente alternativa a lo que propone el oficialismo. Para todo ello, los partidos de la CR deben decidir estratégicamente qué escenario parlamentario eligen tomar: si uno en el que la mayoría oficialista es automática, como es el Senado, o si uno en donde las críticas pueden dar frutos institucionales más importantes, como puede ser una censura ministerial, y eso lo permite un tratamiento y una coordinación particular en Diputados.

Lo que no puede ocurrir es que los temas sean tratados según la voluntad de protagonismo de tal o cual en tal o cual Cámara, o en función de cálculos sectoriales y de internas partidistas cuyos resultados y preocupaciones están muy lejos de las verdaderas preocupaciones populares actuales. Cuando los sondeos de opinión muestran que la gente es crítica de la tarea de los partidos opositores, seguramente ello se deba a que existe una sensación de desorden alimentada en iniciativas individualistas que carecen de sentido estratégico político y comunicacional.

Importa pues que la CR mejore este año radicalmente la forma en la que hace oposición.

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