EDITORIAL

Comisarios del pensamiento

Lo interesante de este asunto es que vuelve a poner de manifiesto lo que ciertos funcionarios del gobierno frenteamplista, con poder, entienden por política cultural. Destinan los dineros públicos a promover la creación de panfletos que publiciten lo que a ellos les interesa.

La convocatoria artística proviene de la Intendencia de Canelones y de la Dirección de Promoción Sociocultural del Mides. Para la conformación de un catálogo de obras de teatro de la Agenda Arte y Derechos Humanos 2018, dichas dependencias públicas convocan a elencos teatrales a presentar obras que "nos llamen a la reflexión sobre la violencia de género, la diversidad sexual y la no discriminación, la privación de libertad, las infancias y adolescencias, las discapacidades y su impacto personal y social, el racismo, el vínculo entre las generaciones, la situación concreta de quienes viven en la pobreza, así como sobre el terrorismo de Estado desplegado por la última dictadura cívico-militar en nuestro país". Las instituciones patrocinantes abonarán "un pago por cantidad de actores/actrices en escena".

En principio cabe objetar que se manejen dineros públicos para flechar la creación artística hacia temáticas específicas y, casualmente, afines a los intereses político-partidarios de las autoridades. Porque si bien el respeto a los derechos humanos, el combate a la violencia de género, la discriminación por orientación sexual, discapacidad o raza, la preocupación por la pobreza y la denuncia al terrorismo de Estado son todos tópicos más que compartibles, llama la atención que se convoque a abordar solo estos y no otros, tan vigentes en nuestra sociedad, como la violencia de las narcobandas, la adicción a las drogas y, si nos ponemos en plan revisionista, el movimiento guerrillero que atacó las instituciones en plena democracia, una década antes de la cruenta dictadura que ayudó a consolidar.

Así y todo, podríamos dar por buenos los temas acotados con que las autoridades estimulan la creatividad de nuestros artistas, con la plata de los contribuyentes.

Pero la convocatoria de la Intendencia de Canelones y el Mides no queda ahí, sino que agrega textualmente que "en todos los casos se priorizarán las propuestas que se centren en nuestra capacidad de resistencia y resiliencia. En nuestra humana capacidad de encontrar, pese a todo, espacios de rebeldía, aún cuando la vida se puebla de estructuras y mecanismos que intentan anular nuestro ineludible y soberano derecho a la libertad, la autonomía y la justicia".

O sea que no solo advierten a los artistas los temas sobre los que deben crear para recibir el pago, sino que además les indican qué mensaje deben transmitir con sus obras.

Está claro que un drama que se centrara en las supuestas tupabandas de los años 90 no sería aceptado. Pero lo más grave es que tampoco se admitiría una visión pesimista sobre las violencias abordadas. Ese mandato es lo más parecido que conocemos al viejo "realismo socialista", que adoptó la dictadura de Stalin para que el arte fuera un mero vehículo de propaganda política.

Al director del Mides, Federico Graña, y los jerarcas comunales Tabaré Costa, Silvana Nieves y Valeria Rubino, que firman esta curiosa convocatoria, habría que sugerirles que más que a artistas, deberían dirigirla a agencias de publicidad, para que les diseñen estos mensajes didácticos a la medida de sus necesidades. No nos imaginamos que un grupo teatral pueda presentar, por ejemplo, Otelo de Shakespeare, porque seguramente estos comisarios del pensamiento evaluarían que allí se incita al racismo, el militarismo y la violencia de género. Tampoco tendrían cabida versiones escénicas del "Lazarillo de Tormes", "La vida del Buscón" de Quevedo o aquella notable película de Ettore Scola, "Sucios, feos y malos", porque la imagen que se da de la pobreza en esas obras, imbuida de humor negro, seguramente no sería del agrado de los funcionarios.

Menos aún aprobarían una teatralización de Saló o los 120 días de Sodoma, de Pier Paolo Pasolini, donde los aberrantes crímenes del fascismo terminan triunfantes, derrotadas todas las formas de "resistencia" y "resiliencia".

Lo interesante de este asunto es que vuelve a poner de manifiesto lo que ciertos funcionarios del gobierno frenteamplista, con poder, entienden por política cultural.

No ponen al Estado al servicio de la difusión de productos culturales que enriquezcan intelectualmente y sutilicen la sensibilidad de los ciudadanos. No. Destinan discrecionalmente los dineros públicos a promover la creación de panfletos que publiciten lo que a ellos les interesa y de la manera como ellos quieren que se comunique.

Los gestores culturales honrados e inteligentes que aún participan del gobierno, así como la gran mayoría de artistas e intelectuales bienintencionados que honran al país, tienen la palabra.

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