Entrevistado hace unos días por En Clave País, el nuevo contenido de streaming de este diario, el dirigente colorado Pedro Bordaberry fue claro en que estos no son tiempos electorales: ante situaciones graves como la inseguridad pública, la ciudadanía no aprobaría en absoluto ver a la oposición enfrascada en la búsqueda de candidaturas o ingenierías de acumulación política. La aclaración es totalmente compartible, y más en una época en que la gente reclama medidas concretas para solucionar problemas del aquí y el ahora.
Paradójicamente, la referida ingeniería electoral en lo que hace a la Coalición Republicana (CR), ha estado muy presente en las últimas semanas, no tanto en las declaraciones de blancos y colorados, sino en las de analistas vinculados de manera más o menos visible a la izquierda.
Los viene ocupando cada vez con más énfasis la hipótesis de que los partidos Nacional, Colorado e Independiente se integren en un único lema, para competir con el Frente Amplio en la elección de octubre de 2029.
Mucho se ha hablado sobre esto y sin duda nuestro columnista Francisco Faig es hoy una de las espadas más activas en su defensa, ante una dirigencia partidaria que se expresa con la misma cautela manifestada al principio: aún no son tiempos de definiciones electorales.
Pero la famosa foto en que el bloque coalicionista se mostró unido en rechazo a la rendición de cuentas, y un reciente apunte de Javier García en un acto partidario, han puesto nerviosos a ciertos analistas aparentemente independientes, que se adelantan a poner el gato arriba de la mesa y, de manera significativa, coinciden en una visión crítica del lema común.
El llamado “living de análisis político” del programa Lado B de TV Ciudad parece a esta altura heredar el flechamiento político-partidario que caracterizaba al discontinuado La letra chica.
En los últimos días dedicó una edición a discutir la eventualidad del lema común CR. Propuso como título: “¿A la coalición le serviría votar unida en la primera vuelta de 2029?”
Lo revelador es que se trató de un living de unanimidades: no hubo debate, los tres panelistas coincidieron plenamente en su análisis discordante, que incluso, en algunos casos, resultó hasta burlón.
Daniel Buquet dijo que los partidos tradicionales “no tienen ninguna ventaja en ir a la primera vuelta con un lema común”, porque “les reduce la posibilidad de competir internamente”. En una oportunidad se refirió con sorna a Andrés Ojeda, que “se autopercibe nativo coalicionista”, generando que su colega Camila Zeballos se tentara de risa. Para el veterano analista, la idea del lema común CR se reduciría a la ambición de Ojeda de ser compañero de fórmula de Lacalle Pou en 2029, un disparate mayúsculo que solo se explica por la ignorancia de los contundentes argumentos que se manejan en favor de la creación de un lema republicano y liberal.
En su disparatario, agregó que Cabildo Abierto “capaz que llega al 2029 aliado al Frente Amplio” (sic). La remató diciendo que “la idea de formar un solo partido es equivocada desde un punto de vista estratégico”.
Por su parte, Mariana Pomiés descartó la coalición por considerar que “desconoce el tema de las identidades partidarias”. Sería bueno preguntarle si el lema Frente Amplio acaso desconoce las identidades de los partidos que lo integran… “Lo que más molesta a la gente es eso de que todos somos lo mismo”. “Desconocer las identidades, la necesidad de tener heterogeneidad para captar a los diferentes, el uruguayo no está preparado para ello”. Dice que se pretende destruir a los partidos “por un fin electoral o ambiciones personales”.
En la misma línea, la panelista Zeballos dio más palos, indicando que la diversidad de los partidos haría frágil el acuerdo electoral, como si la Coalición Republicana no hubiera gobernado armónica y eficientemente durante cinco años difíciles, a pesar de la oposición destructiva del Frente Amplio.
La pertinencia o no del lema común puede ser discutida en sus distintas aristas. Lo de la fidelidad a las identidades partidarias parece un argumento caduco, superado por la realidad, después de una experiencia de gobierno de la CR que esos mismos analistas auguraban efímera, y no solo duró los cinco años sino que aportó al país grandes cambios; al punto de que el actual gobierno no intenta hacer otra cosa que desandarlos.
La verdad es que, si desde un canal oficialista se critica la idea con tanto empeño, es porque algo bueno debe tener, ¿no?