Armando el relato

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La oposición está empeñada en generar un relato de la evolución de la situación social y económica que haga de la administración de la Coalición Republicana (CR) un gobierno “neoliberal y antipopular”.

Con ese fin importa mucho el alineamiento de los compañeros de ruta de la izquierda. Se trata de instituciones que fungen como neutras desde el punto de vista partidario, y que además se presentan con un perfil técnico-experto que asegura que las conclusiones de sus estudios aparezcan como legítimas para el gran público.

Dos casos, entre muchos, cumplen con esos requisitos y son por ello bien importantes en la lógica de extensión del relato izquierdista: la facultad de ciencias sociales de la Universidad de la República y el Instituto Nacional de Derechos Humanos. Esta semana ambos presentarán un estudio conjunto que, justamente, va en el sentido de definir un diagnóstico en el que en estos años de gobierno de la CR ha primado una especie de desdén por los más necesitados. Todo legitimado, además, por una presentación oficial en el Parlamento.

El informe afirma algunas cosas que no son novedosas para cualquiera que conozca algo de la situación social del país. Dice, por ejemplo, que en la zona norte y noreste es donde comparativamente hay más porcentaje de hogares con personas que trabajan pero que infelizmente no logran superar la línea de pobreza. Cualquiera sabe que eso ocurre, al menos, desde hace medio siglo en el país, pero eso es algo sobre lo que, por supuesto, se hace un gran silencio desde la perspectiva de la construcción del relato izquierdista.

“Lejos de un Estado que se retrae de su función, es un Estado que sigue de cerca la situación y adapta sus respuestas de acuerdo con la evolución constatada. El gobierno está presente con políticas concretas de apoyo a los más jóvenes”.

Por cierto: como aquí también dato mata relato, resulta que dicho informe no puede ocultar que entre 2020 y 2021 esos hogares en los que se trabaja pero no se supera la línea de pobreza bajaron para el total del país del 7,7% al 6,8%. Es un signo claro de que la evolución de la economía, a pesar de la pandemia, ha sido positiva, y de que las medidas que el gobierno tomó en favor de los más necesitados dieron rápidamente resultados.

Pero el relato izquierdista, además, precisa golpear una medida relevante del oficialismo, que ha sido la atención diferencial en favor de los niños más pobres, es decir, esa categoría de la población que hace medio siglo que siempre aparece en las estadísticas proporcionalmente más pobre que el resto. El objetivo del informe radica pues en procurar mostrar que la pobreza en esa franja de edad aumentó entre 2020 y 2021, y con ello sugerir lo que le importa a la izquierda: reafirmar la mentira de que estamos ante un gobierno alejado de quienes más lo necesitan.

¿Cómo lo intentan? Por un lado, señalan que el instituto de estadística mostró un aumento de la pobreza entre los niños menores de 17 años. Eso es radicalmente falso: si se compara lo metodológicamente comparable, el informe del año 2020 da un registro de 21,3% de pobreza entre los menores de 6 años -el guarismo más alto, y en plena consecuencia de la pandemia-, y para el año 2021 el guarismo más alto se da en la franja de 6 a 12 años, con 19,4% de pobreza. Jamás, por tanto, se podrá afirmar con un mínimo de honestidad intelectual, que la pobreza entre los niños aumentó.

Por otro lado, los compañeros de ruta de la izquierda toman una baja de beneficiarios de la Tarjeta Uruguay Social y de la Asignaciones Familiares-Plan de Equidad en la comparación 2020-2021, para concluir que la administración es responsable de haber fijado menos prestaciones sociales en un contexto de mayor necesidad para los más jóvenes. El engaño izquierdista es evidente: en realidad, lo que hay es un acompañamiento real de las prestaciones sociales en función de la evolución efectiva que se constata en la pobreza infantil.

Lejos de un Estado que se retrae de su función, estamos ante un Estado que sigue de cerca la situación y adapta sus respuestas de acuerdo con la evolución constatada. El gobierno no se despreocupa de la situación de los más jóvenes, sino que está presente con políticas concretas que, claramente, van en el sentido correcto según señalan, sin ambages, las estadísticas públicas.

La CR debe asumir de una vez por todas que en la izquierda y en sus compañeros de ruta no hay el más mínimo sentido de honestidad intelectual para analizar los datos estadísticos. Todo es interpretado con sesgo ideológico antioficialista, cayendo incluso en conclusiones ridículas como las que acabamos de anotar y refieren a este informe.

Hay que deslegitimar este tipo de iniciativas y llamarlas por su nombre: son sólo operaciones en favor del relato izquierdista.

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