Argentina, otra vez

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La República Argentina, nuestro país hermano, aquel a quien más nos parecemos en el mundo y con el que tantos vínculos culturales y afectivos tenemos los uruguayos, se encuentra, una vez más, al borde del precipicio.

Una crisis, como las anteriores, autoprovocada, lo que es aún más doloroso, porque era evitable. Como en aquel ya lejano 2001, se sigue el valor del dólar y el índice de riesgo país día a día, en ascenso continuo, y la inflación hace estragos con el poder de compra de los argentinos, arrojando cada vez más gente a la pobreza.

Esta es probablemente la principal tragedia de nuestros vecinos; un país rico en recursos naturales y talento, como lo demuestra la vigorosa producción agropecuaria y sus unicornios tecnológicos, tiene al 40% de su población en la pobreza. Un país que supo estar entre los más ricos del mundo a comienzos del siglo XX hoy es no solo uno más del tercer mundo, sino uno en declive constante desde hace décadas. En definitiva un gran país arruinado por sus malas políticas.

Quizá la gran diferencia con crisis anteriores es que la actual le toca enfrentarla a un gobierno peronista. Más allá de las peleas constantes entre el presidente y la vicepresidenta están indisolublemente unidos en este naufragio y no tiene forma de salir bien parado ninguno de los dos. Los entretelones de esa relación que amerita el estudio de un psicólogo antes que de un politólogo hoy son irrelevantes, juntos ganaron las elecciones y juntos están llevando a la Argentina al desastre.

Vale la pena recordarlo. Argentina fue un gran país cuando siguió políticas liberales, era un país con bajos impuestos, sin empresas públicas y abierto al mundo. Supo ser, y puede volver a ser el granero del mundo, y a eso le puede sumar la inteligencia de su gente que se destaca en todas partes. Su retroceso comenzó cuando revirtió estas políticas y culturalmente se enfermó de peronismo. El país prospero se fue estatizando y cerrando en sí mismo. A su interior fue siendo cooptado por corporaciones, la iniciativa privada fue siendo mutilada, los impuestos fueron agobiando a las empresas y las regulaciones impidiéndole su normal desarrollo.

De este lado del Río de la Plata debemos seguir con atención lo que ocurre, aprender las lecciones que arrojan las malas políticas seguidas por el Presidente Fernández.

El proceso fue doloroso, incluyó golpes de estado, dictaduras, corrupción y estallidos sociales. Gobiernos de derecha y de izquierda, democráticos y autoritarios, se sucedieron sin cambiar el declive que sufre el país desde hace más de medio siglo. El problema, por tanto, es profundo y se manifiesta en las políticas públicas.

El gobierno actual fue un buen ejemplo de los malos gobiernos que ha sufrido largamente el país vecino. La fórmula Fernández-Fernández desde el comienzo siguió una política económica imposible de sostener en el tiempo. Con subsidios exagerados, empresas públicas tremendamente deficitarias, planes sociales exorbitados y problemas fiscales imposibles de resolver con esa estrategia. El gran problema, finalmente, es un Estado desbocado en su tamaño y sus funciones. El andamio que debía sostener al edificio se volvió tan grande, que hoy es el edificio el que sostiene al andamio.

La actual Ministra de Economía, Silvina Batakis, no es la responsable de la situación, aunque sus anuncios no auguran que la cosa vaya a mejorar. Sí tiene mucha responsabilidad el renunciante Martín Guzmán, que como fiel discípulo de Joseph Stiglitz siguió unas políticas keynesianas trasnochadas que no funcionan en ningún lugar del mundo.

Pero los verdaderos responsables de la catástrofe que hoy enfrenta la Argentina son el presidente y su vicepresidenta. La crisis es política antes que económica, es la mala conducción desde la primera magistratura hacia abajo lo que ha conducido a la hermana República hacia la grave situación en que se encuentra. Seguramente si no estuviera gobernando el peronismo los llamados “movimientos sociales y sindicales” ya hace rato que estarían en las calles sembrando el caos, solo la afinidad al gobierno parece haberlos contenido pero esa paciencia también parece estarse agotando.

De este lado del Río de la Plata debemos seguir con atención lo que ocurre, aprender las lecciones que arrojan las malas políticas seguidas por el Presidente Alberto Fernández a quien el Intendente de Canelones Yamandú Orsi llamó un verdadero “clase A” de la política. Cuanto más lejos estemos de las políticas kirchneristas mejor para el país. Cuanto más sensatos seamos con nuestras políticas, más abiertos al mundo y más libertad demos a las personas para seguir sus proyectos mejor. Esta es una lección que no debemos olvidar.

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