Argentina, nuestra socia

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Uruguay estuvo pendiente esta semana del desarrollo de la Cumbre del Mercosur acontecida en Paraguay.

Respecto de las reacciones de los países socios frente al reiterado planteo del gobierno uruguayo de una “flexibilización” del mismo, además del avance de nuestras negociaciones con China en pos de un TLC. El Presidente argentino llegó a último momento, pero al menos se hizo presente a diferencia del brasileño. Habían expectativas sobre cuál sería su actitud luego de aquella altisonante respuesta en el anterior encuentro virtual, en momentos en que se traspasaba la Presidencia del grupo a Paraguay. Comentábamos en el editorial de ayer que ahora al menos pasamos del “barco a la cornisa” felizmente, según sus expresiones.

Pero para profundizar un poco en el contexto no está demás echar un vistazo a la situación del país donde gobierna el binomio Fernández-Fernández. Al decir del economista Rosendo Fraga, asiduo visitante de esta orilla, el presente contexto hace pensar en la Argentina del 1989 o del 2001 así que las chances de que se produzca un estallido social no las descarta en absoluto. Opinión comprensible si tenemos en cuenta que su moneda pierde valor a tal velocidad que en menos de un mes ha tenido una baja de más de un 34%. Algo que provoca, más pronto que tarde, problemas alimentarios y de todo tipo, lo cual trae consigo graves secuelas de insatisfacción e intranquilidad a nivel de la población. También hay señales peligrosas provenientes del sector rural. Vivir al borde de la hiperinflación y del default es como dar vueltas dentro de un espeso caldo de cultivo donde cualquier cosa puede ocurrir, mientras el gobierno no da la impresión de saber cuál es el rumbo acertado a tomar.

Y para mayor incertidumbre no está claro si el Presidente es el que manda o si el poder se encuentra en otras manos y otro grupo político. Los últimos ataques a la Corte Suprema son un escándalo que demuestra el interés primordial de la Vicepresidente para evitar el último atisbo de independencia judicial. La intención manifiesta es la de apartar de una vez por todas el último riesgo de ser ajusticiada que restaba, después del llamativo cierre tras el cambio de gobierno, de todas las otras causas en las que Fernández de Kirchner estaba acusada. Otra vez la rica Argentina, hija predilecta de la naturaleza y no exenta de personas educadas y talentosas, aunque parezca mentira, se encuentra al borde del abismo. Se fue el Ministro de Economía, Martín Guzmán y lo que se hizo apenas fue cambiar de figurita. La percepción generalizada es la de que reina la incapacidad. Se lanzan iniciativas generales para mandar al país 50 años hacia atrás y lo que prima son trilladas retóricas. Apretar el cepo cambiario, atacar a los turistas por comprar dólares, acusar a los medios de prensa de desestabilizadores, abroquelarse con movimientos sociales, discusiones sobre negociar o romper con el Fondo Monetario, votar el salario básico universal, aumentar las retenciones al sector agrícola, (recetas típicas del camporismo) extender la moratoria previsional.

El presente contexto hace pensar en la Argentina del 1989 o del 2001, así que las chances de que se produzca un estallido social el economista Rosendo Fraga no las descarta en absoluto.

A no ser que crean que el dólar puede seguir indefinidamente con su tendencia al alza durante los próximos 15 meses y que sea posible gobernar todo ese tiempo sin reservas de libre disponibilidad, con una brecha cambiaria que podría llegar a 200% y una inflación extendida, de tres dígitos. El error de diagnóstico del presente gobierno parece ser tan grande como el del justicialismo en 1973, el del alfonsinismo que desembocó en la hiper del 89 o el 2001, mientras se gestaba el mayor default de la historia.

Otra vez, esta nación que podría figurar en el “top ten” del mundo, está en la cuerda floja porque sus gobernantes y una gran parte de la clase política, incluida la oposición, no saben estimar los problemas aunque se hayan visto venir desde hace mucho tiempo. No se actúa en consonancia, se carece de estrategias inteligentes y medidas sensatas. Son demasiados los años en los que Argentina vive en un tembladeral, para desgracia de sus habitantes en primer lugar para sus vecinos y la región, en el segundo. Estamos tremendamente interconectados desde el principio de nuestras historias, tanto cultural como económicamente y es impensable que no se produzcan repercusiones negativas alrededor. Por algo el Presidente Lacalle aspira a liberarse de las ataduras de un Mercosur creado con muy buenas intenciones y acertadas miras, pero que con el paso de los años es evidente que no cumple con la promoción positiva del intercambio comercial de las partes, siendo por otro lado un corset-alguno ya lo ha rasgado- que frena mejores negocios.

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