Ante dos mundos

CON estas palabras tituló el Dr. Washington Beltrán, nuestro siempre recordado y querido Director, su editorial dominical del 14 de noviembre de 1999. Volvía a la palestra con el balotaje a la vista, tras un "impasse" determinado por su salud ya quebrantada, "en horas trascendentales para el destino de la República", según sus palabras.

"En ellas queremos ser —proseguía—, con el ímpetu que impone la profunda convicción, con la firmeza de la conciencia plena de nuestra responsabilidad, militantes". Erguido sobre la hermosa montaña de sus años —que lo situaba "au dessus de la melée", al decir vazferreiriano—, y con la autoridad ganada en seis décadas de una trayectoria cívica sin máculas, habló entonces con su pluma brillante y acerada, como un profeta bíblico. Se dirigió principalmente a sus correligionarios nacionalistas. Pero, en rigor, iluminó el camino inmediato a todos los uruguayos.

HOY, en hora de similares tribulaciones y tanto o más riesgosa, nos consideramos en el deber y en la necesidad de reproducir los conceptos fundamentales de aquel artículo vigoroso y estupendo que, más allá de circunstancias puntuales, mantiene plena vigencia y debe volver a alumbrar las conciencias vacilantes y confundidas de algunos compatriotas. Expresó el Dr. Beltrán aquel 14 de noviembre:

"Bueno es que señalemos el significado que en realidad tienen los comicios a realizarse este 28 de noviembre. Su importancia trasciende de la de la elección del ciudadano que ha de presidir la Nación durante los próximos cinco años. Constituyen un verdadero plebiscito sobre nuestro destino como país, sobre cuál queremos sea el estilo de vida, los principios de convivencia que rijan en esta bendita tierra en el siglo que se iniciará. La disputa no es alrededor de un nombre, la controversia a definir es sobre el ámbito en el que queremos vivir, en el que queremos, sobre todo, vivan nuestros hijos, nuestros nietos, las generaciones venideras, si en ámbitos de libertad, de tolerancia, de respeto de la dignidad humana o en ámbitos donde impere el miedo, rija implacable el fanatismo, y el ser humano quede reducido a la condición de triste guiñapo."

"Prescindiendo de la suma de antecedentes a citar, —bloqueo de la Ciudad Vieja, Filtro, 40.000 firmas falsas, etc., para limitarnos a la inmediata realidad— miremos como inquietante vaticinio el Montevideo de hoy, el Montevideo sometido a la presión de perniciosas ondas, el del temor, que lo hay y el de la inquietud que lo domina, el del nerviosismo amedrentante, en el que la exposición de cualquier imagen de los bandos tradicionales, incluso la bandera nacional, puede generar la guasa solapada o el susurro intimidante, el Montevideo donde el día de las pasadas elecciones hubo excesos y demasías, se intentó obstaculizar la concurrencia de votantes a las urnas y se consumaron desmanes patoteriles, como las tres agresiones, con conocimiento de quién era la ofendida, que se consumaron contra la viuda de Wilson Ferreira".

"Pensamos, además, que si en quince años la izquierda, sin interferencia gubernamental se infiltró dominante en diversos grupos del quehacer nacional: enseñanza, sindicatos, administración pública, mundo de la cultura y hasta agrupaciones rurales, cuál será el grado de la infiltración y la extensión de la misma si accede al gobierno y tiene el poder. No habrá zona de actividades que escape a su influencia y no se halle bajo su dominio. Y mientras esa sujeción dure, cerradas estarán las posibilidades de rotación de los partidos en el poder".

"No hacemos una descalificación total del Frente Amplio. Reconocemos que tiene dirigentes y sectores que lo integran formados por ciudadanos con convicciones democráticas. Pero a su lado, actuando, interviniendo y decidiendo han hallado cobijo, bajo los pliegues de sus banderas, quienes permanecen fieles a la ideología del terror que inspirara Lenin y en aras de la cual 100 millones de seres humanos fueron sacrificados. Se hallan también los incondicionales del castrismo, que ensalzan una dictadura de espanto y opresión. Como figuran los protagonistas y los seguidores ideológicos de quienes protagonizaron la subversión que envolvió al Uruguay a fines del 60, entre los que se hallan los radicales que, pese a que nuestra democracia les abrió con amplitud las puertas, irreductibles se han negado a renunciar a la lucha armada."

"Peligrosos integrantes de esa fuerza política, hemos señalado, sin agotar su lista. Fuerzas minoritarias, se nos responderá. No tanto, contestamos, ya que algunas tienen, por su caudal, la calidad de tercera potencia entre quienes se agrupan bajo ese lema. Y además, la lección de la Historia es clara. Cada vez que apareció en una nación o en un territorio una corriente revolucionaria que reclamara cambios profundos, las minorías extremistas fueron las que impusieron el ritmo y la hondura de las transformaciones."

"Así ha sido, desde la antigüedad, así ha sido en la Revolución Francesa, así ocurrió con la Revolución Comunista de 1917, donde los bolcheviques —los menos— se impusieron sobre los más que formaban los mencheviques (socialdemócratas) y los S.R. (socialistas revolucionarios), y así volvió a acaecer cuando el gobierno de Allende y hasta incluso esa tendencia está en la génesis del régimen cubano."

HASTA aquí las verdades irrefutables, de meridiana claridad, del Dr. Washington Beltrán. Que no transcribimos en su integridad porque el espacio se agota. Baste leer 31 de octubre de 2004 donde implícita está la referencia al 28 de noviembre de 1999 —fecha de nuestra primera elección presidencial en segunda vuelta—, para que toda la contundente argumentación de nuestro ex director se traslade al conturbado presente e ilumine el escenario.

Prácticamente, casi nada ha cambiado en el acontecer político nacional, salvo la proyección al primerísimo plano de las figuras de Jorge Larrañaga y Guillermo Stirling. Y lo que ha cambiado ha sido para mal, para agravar los enfrentamientos que dividen a la sociedad uruguaya, y justificar una preocupación aun mayor que la de un lustro atrás.

Las agresiones verbales, como las sufridas por Hugo Batalla y su familia en su barrio de La Teja y por Susana Sienra de Ferreira Aldunate aquel 31 de octubre, han sido sustituidas por brutales ataques físicos. El diputado Borsari y un candidato del Foro Batllista, en Durazno, los sufrieron en carne y rostro propios. El presidente Batlle debió ir en helicóptero atrás del Cerro, porque una turba de energúmenos pretendía impedirle su acceso. En ese barrio, días antes, otra turba hostilizó con caceroleos y gruesos insultos un acto del ex presidente Sanguinetti. Y las caravanas frentistas que el último fin de semana recorrieron Montevideo exhibieron ostentosamente una manifiesta y desafiante agresividad para cuanto, para ellos, oliera a blanco y a colorado.

LOS tupamaros ya no son la tercera fuerza frentista. Ahora constituyen, holgadamente, su nucleamiento de mayor potencia electoral. Es decir, el buque insignia del Frente, que en la voz sin tapujos de Mujica Cordano y Fernández Huidobro ha manifestado acentuada falta de respeto —y hasta desprecio— por distintos sectores de nuestra sociedad, principiando por abogados, escribanos, ciertos periodistas y un conocido y acreditado politólogo.

¿Qué ocurrirá si estos extremistas, del ayer y del presente, llegan al poder? Seguramente, lo peor. Es el gravísimo riesgo a que estamos enfrentados, como lo advertía el doctor Washington Beltrán un lustro atrás, y que todos los uruguayos sensatos y previsores tenemos el ineludible deber de conjurar en las urnas, con el arma de nuestro voto libre, el próximo domingo.

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