Es verdad que el auge de las redes sociales ha enturbiado la comunicación política, llenándola de fake news y memes simplistas. Sin embargo, hay veces en que cumplen un rol fundamental: el de dar voz al ciudadano común que no tiene acceso a los medios tradicionales pero tiene verdades incómodas que comunicar.
Tal es el caso de un ciudadano cubano que vive en nuestro país, de nombre Jorge Reyes, quien ha publicado un revelador posteo en TikTok.
Con pantalla dividida, aparece de un lado un discurso pronunciado por el senador Oscar Andrade en un acto del FA, donde se ve entre el público a notables dirigentes de izquierda. Del otro aparece el inmigrante de origen cubano, contradiciendo cada cosa que pronuncia Andrade sobre ese país.
Haciendo uso de la verborragia que lo caracteriza, el senador Andrade dice que “el internacionalismo de Cuba conmueve. Es la Cuba que con miles de dificultades puso casi medio millón de cubanos para enfrentar el apartheid en Angola”.
Reyes responde: “se llama carne de cañón. Fueron niños y jóvenes. Madres y padres que perdieron a sus hijos, obligados a ir a un servicio militar a miles de km de su tierra. Padres separados de sus hijos. Yo fui uno de esos hijos: mi padre gracias a Dios logró sobrevivir. Vio como explotaban delante de él muchachos que jamás habían agarrado en su mano ni siquiera una 45. Internacionalismo no, fue una masacre. La misma dictadura da una cifra de 2.000 fallecidos en Angola. Si ellos dieron esa cifra, triplícala. Fueron obligados. ¿Y sabes qué es lo curioso de todo? Que no fue un hijo ni un nieto de Fidel ni de Raúl. Ningún familiar de ellos fue. Qué casualidad. Los demás son internacionalistas, pero ellos no”.
Cabe agregar al respecto que existe un libro de un excombatiente cubano en Angola, Carlos Pedre Pentón, titulado La guerra innecesaria (2017), quien reconoce que fueron “hombres arrancados de nuestras familias, personas desarraigadas de su país y sus tradiciones para combatir en una guerra que no era la suya. Teníamos miedo, no éramos profesionales, solo unos simples muchachos con armas en la mano”. Esa intervención consolidó al marxismo en el poder del país africano: la ex Unión Soviética puso las armas y Fidel Castro los chiquilines a masacrar.
El senador Andrade también elogia a Cuba en su discurso porque “desparramó médicos por el mundo”, a lo que Reyes contesta: “para los médicos era la única manera de poder comprar una bicicleta eléctrica. Porque con el salario miserable que tenían en Cuba no podían acceder siquiera a algo tan básico como eso. Esos países a los que iban siempre le pagaban al gobierno cubano por encima de los 3000 dólares y de ese salario completo, la dictadura le pagaba al médico entre un 10 y un 15%. Pero era la única manera de tener tus dos o tres cositas, porque en Cuba te morías. No era internacionalismo ni solidaridad: era por plata”.
Andrade concluye homenajeando a “los 32 patriotas en el sentido amplio, en el auge del artiguismo” (sic) que murieron custodiando al dictador venezolano. “32 mercenarios”, corrige Reyes.
“Hasta hace dos años decían que en Venezuela no había ni un solo militar cubano, pero casualmente todos los militares que estaban custodiando a Maduro eran cubanos. Ellos hablan de 32 pero fueron muchos más”.
Jorge Reyes es otro inmigrante hastiado del tufillo heroico con que los comunistas uruguayos quieren impregnar la dictadura que expulsó, aterrorizó y hambreó a su pueblo. Señala lo mismo que nos dice cualquier cubano o venezolano con que nos cruzamos cada día, muchas veces debiendo trabajar en tareas inferiores a su capacitación y acumulando laburos con tal de juntar el dinero que envían a los parientes que aún resisten en su país de origen.
Es muy importante que brinde su testimonio, al menos para concienciar a quienes aún se comen la añeja pastilla del sesentismo, una ideología depredadora tanto de las economías de sus pueblos como de la misma dignidad humana.
El juicio que hace Reyes del legislador uruguayo que romantiza tanta barbarie es demoledor: “no hay peor persona -incluso que el mismo dictador- que el que lo defiende”.
Y se vale de una dolorosa ironía que seguramente no escucharemos en ningún cuplé de las murgas compañeras: “El comunismo solo se puede admirar de dos maneras: una, viviendo a costillas de él, y dos, viviendo lejos de él”.
Ojalá que estos argumentos contundentes y vívidos impacten en generaciones jóvenes, aún descontaminadas de tanta prédica mentirosa.