40 años de la libertad de Seregni

El próximo 19 de marzo se cumplirán 40 años de la liberación del general Seregni de la prisión de la dictadura. Fue un momento clave que marcó el posicionamiento político posterior del Frente Amplio (FA) en la transición hacia la democracia y su vínculo con el Partido Nacional (PN).

Hay que recordar que previo a 1984 las cosas no venían bien entre el FA y el PN. A los complicados antecedentes de dardos envenenados de la campaña de 1971, y a los posicionamientos divergentes de la mayoría de los blancos y la mayoría de los frenteamplistas en torno al inicio del golpe de Estado en febrero de 1973, se sumaron años más tarde un par de episodios políticos que generaron malestar en el líder izquierdista preso.

Por un lado, la activa política de Wilson Ferreira en el exterior para seducir simpatizantes izquierdistas de nuevas generaciones golpeó en la línea de flotación de la viabilidad misma de un FA por entonces muy joven. Por otro lado, en la izquierda se creía que la imposibilidad para el FA de presentarse a las elecciones internas de 1982 había favorecido al sector de Ferreira y dañado la frágil supervivencia de un FA muy herido por la dictadura.

En este contexto el posicionamiento de Seregni marcó radicalmente lo que ocurrió entre marzo y noviembre de 1984. No solamente porque aceptó su propia proscripción como un costo a pagar para poder efectivamente llevar al país a las elecciones de noviembre. Sino porque con esa actitud colaboró en que se aceptase también la proscripción de Ferreira, y con ella, el condicionamiento más importante para las elecciones de la salida de la dictadura. Por cierto, no eran proscripciones políticamente equivalentes: nadie podía creer que Seregni pudiese efectivamente ser electo presidente; en cambio, tanto los resultados de 1971 como los de las internas de 1982 dejaban pensar que Ferreira sí tenía muchas chances de alzarse con el triunfo.

Sin la libertad de Seregni en marzo y su posicionamiento político posterior, no hubiera habido pacto del Club Naval. Es sintomático que en estos 40 años la inmensa mayoría de los estudios de politólogos e historiadores compañeros de ruta del FA haya casi que sistemáticamente dejado de lado la importancia de este pacto en el camino de la transición democrática del país.

Es que, obviamente, es un pacto que muestra a la izquierda negociando con los militares y condicionando así, radicalmente, todo el proceso posterior de reivindicaciones sobre verdad y justicia acerca de las violaciones a los derechos humanos en dictadura que, sin que se le moviera un solo pelo de su seregnista bigote, el FA llevó adelante por lustros. Y es un pacto cuya responsabilidad en la izquierda recae sobre todo en Seregni y en el Partido Comunista.

La pacificación nacional que llevó adelante Seregni desde su salida de la prisión implicó aceptar comicios con proscriptos que en los hechos impidió a Wilson Ferreira bregar por la presidencia de la República; y un pacto con los militares que dejó de lado el tema de los derechos humanos en dictadura, a la vez que nunca se opuso absolutamente a la perspectiva de una amnistía -como bien dijo el general Medina hacia el final de esas negociaciones en las que no estuvo el Partido Nacional: “las Fuerzas Armadas no van a aceptar manoseos ni cosa que se les parezcan” .

A la luz de la evolución posterior del FA, en la que los tupamaros se transformaron en su sector político más importante electoralmente, son muchas las voces que hoy sugieren que aquel FA en el que Seregni fue protagonista era mejor que el de nuestros días.

Y si bien es cierto que Seregni dejó muy claro varias veces que las violaciones a los derechos humanos existieron también de parte de la guerrilla marxista en los años 60, una verdad elemental que hoy en día incluso principales historiadores vinculados a la izquierda vergonzosamente niegan, no es menos cierto que Seregni siempre fue un furibundo adversario de los blancos. Por su temprana formación colorada; por su evolución ideológica tanto económica como social; y por su posicionamiento en la formación del FA y su posterior fortalecimiento, representó una inclinación política alejada del sentir y de la práctica nacionalista.

Por ello mismo la actual dualidad FA-Coalición Republicana, a veinte años de la desaparición física de Seregni, seguramente no sea algo que resulte tan ajeno a su legado político y a la forma en la que bregó para afirmar a su FA y posicionarlo en contra del PN en aquellos meses posteriores a su liberación de la cárcel.

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