Todos en el gobierno están indignados con la Suprema Corte de Justicia por sus fallos que aceptan la inconstitucionalidad del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF) a las jubilaciones. Ataques directos del Partido Socialista contra la Dra. Sara Bossio. Amenazas de juicio político del senador Fernández Huidobro contra al ministro Hipólito Rodríguez Caorsi, voces agraviantes del senador Mujica que incluyeron a la Constitución de la República ("es un chicle") y todo lo que senadores y diputados frentistas pudieran expresar ante la cercanía de un micrófono. ¿A qué tanta gritería? ¿Por qué tanto encono? Porque la decisión de la Corte golpea la arquitectura armada por el ministro Astori y puede significarle al gobierno U$S 100 millones menos de recaudación, justo en la víspera del año electoral.
Pero nadie en el gobierno está ni siquiera preocupado por el agujero negro que existe en la Intendencia Municipal de Montevideo, tras 18 años de gestión frenteamplista y que supera holgadamente los millones "perdidos" por el fallo de la Corte. Solo por reclamos de incumplimiento del convenio que el entonces intendente, y hasta hace un mes ministro, Mariano Arana, firmó con el sindicato de Adeom en diciembre de 2001 (ya Argentina había entrado en "default" y era inminente que las llamas de ese incendio alcanzarían a nuestro país), la comuna capitalina tendrá que pagar U$S 77 millones de dólares en este período de gobierno municipal. Paciente y doliente el actual jerarca, Ricardo Ehrlich, ha tenido que tragarse gordos sapos de su antecesor porque no puede alegar que su gestión esté manchada desde el inicio, por una "herencia maldita". Que es peor, a poco que se recuerden otras cifras.
En 1989 el Frente obtuvo por primera vez la Intendencia de Montevideo, de la mano de Tabaré Vázquez. La recibió de manos del Partido Colorado con un superávit de 15 millones de dólares. Cinco años más tarde, Arana irrumpió en el Palacio Municipal con un déficit de U$S 25 millones, lo que anunciaba que la política de contención del gasto era relegada por otra que apuntaba a tener funcionarios muy bien pagos y contentos (nunca ha importado si el servicio es bueno en la IMM). Tras su primera gestión, Arana se la pasó al mismo Arana con números rojos en caja que subían hasta U$S 55 millones, para finalmente entregársela a Ehrlich con un déficit que rondaba los U$S 100 millones (lo cual no sorprende, porque hasta los casinos le daban pérdidas); más lo que pudiera surgir de los litigios que Adeom había planteado por el incumplimiento del convenio.
Es decir que, gracias a Arana, conspicuo frenteamplista, dos veces intendente de Montevideo donde desarrolló su gestión amparado en la mayoría automática de la Junta Departamental, ministro de Vivienda y Medio Ambiente, la Intendencia de Montevideo tiene que manejarse con un descubierto de U$S 177 millones. Casi el doble de lo que el gobierno dejaría de percibir (según sus exclusivas estimaciones) por las sentencias de inconstitucionalidad que acaba de dictar la Suprema Corte de Justicia.
¿Alguien ha escuchado algo del Partido Socialista por este despilfarro? ¿El senador Fernández Huidobro ha proyectado algún juicio político para determinar responsabilidades? ¿El programa de gobierno del Frente Amplio es un chicle o prevé el déficit permanente (y cuanto más grande mejor) en la gestión municipal? ¿Algún legislador oficialista expresó su preocupación -no ya indignación- por lo que está ocurriendo en Montevideo? ¿Cómo repercute este agujero negro en los programas sociales del gobierno? ¿Cuál es la responsabilidad de los "viejos platudos"?
Podríamos seguir con las preguntas, pero hay una cosa que está muy clara: de algún lado (o bolsillo) deben empezar a salir esos 177 millones de dólares que sus propios compañeros descargaron sobre Ehrlich. Y se vinieron entonces los nuevos montos de la Contribución Inmobiliaria, que alcanzaron en muchos casos aumentos impresionantes, porque el déficit que se tiene es impresionante.
Para el oficialismo es más fácil culpar de todos los males a la Suprema Corte de Justicia (antes fue a blancos y colorados), que reconocer su propio fracaso. Y más vale que las miradas de los ciudadanos se vuelquen hacia otro lado, así el desastre de Montevideo pasa desapercibido. Es muy peligroso para el Frente comparar los montos y realidades económicas.