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Yo, ciudadano uruguayo

Roberto Alfonso Azcona | Montevideo
@|Cada fin de mes, cuando recibo el depósito de mi salario bruto de $55.000, no siento satisfacción, siento bronca.

Miro el recibo y hago la cuenta real:

Descuentos directos (BPS 15%, FONASA con cargas familiares, FRL e IRPF): cerca de $15.800. Lo que realmente me depositan (salario neto): $39.000. Eso es todo lo que veo, pero la realidad es peor; el empleador paga además aportes patronales de casi $7.000. Solo por mi trabajo, el sistema se lleva alrededor de $22.800 mensuales.

Después viene lo mío, gasto el 50% del neto en consumo diario ($19.500), y sobre eso el Estado me cobra IVA (promedio alto entre 10% y 22%) por unos $3.700 más. Sumo la Contribución Inmobiliaria del apartamento en el centro, la patente del auto mediano 2020 y tasas: otros $3.800 mensuales promedio. Total que se lleva el Estado (aportes, IRPF, IVA, impuestos a la propiedad y al auto): casi $30.300 de cada $55.000 que genero con mi esfuerzo. Más del 55%.

¿Y qué me queda para vivir?

Poco... Muy poco.

Según datos del INE de 2026, la Canasta Básica Alimentaria ronda los $6.800 - $8.200 por persona al mes, para una familia tipo de 4 integrantes, solo en comida básica se van más de $27.000 - $33.000. La canasta básica total (alimentos + vivienda, transporte, servicios, higiene, etc.) supera fácilmente los $88.000 - $100.000 mensuales para no caer bajo la línea de pobreza.

Con mis $39.000 netos, después de pagar los impuestos fijos, la nafta (con IMESI incluido), los servicios y la comida, sobra casi nada para imprevistos, ropa, educación o ahorro.

Miles de familias uruguayas de clase media viven exactamente esta realidad; trabajan, el Estado se lleva más de la mitad, y aun así la pobreza se mantiene estancada cerca del 16,6% desde hace años, con cara de niño.

¿Qué queda para aquellos con un salario menor o los miles de jubilados que están en las mismas o peores situaciones?

Esto no es “contribuir”.

Es un saqueo sistemático al esfuerzo de la gente común; el Estado te cobra antes de que te llegue el dinero, te cobra cuando lo gastás y te cobra por tener un techo y un auto para ir a trabajar. Mientras tanto, la canasta básica se come gran parte de lo que queda y el margen para progresar se evapora. ¿Cómo cambiar esta realidad?

No va a cambiar con más gasto público, más planes sociales ni más promesas de “redistribución”; la única forma realista y sostenible es reducir drásticamente la carga tributaria y previsional sobre el trabajo y el consumo, bajar el gasto público improductivo, simplificar el sistema impositivo y generar las condiciones para que la economía crezca de verdad, menos regulaciones, más libertad para emprender, invertir y contratar.

Mientras sigamos con este modelo de alto gasto, altos impuestos y baja productividad, cada mes seguiremos cobrando el sueldo y sintiendo lo mismo; que trabajamos más para que nos quede menos.

Es hora de exigir un cambio profundo. Porque este sistema no está protegiendo al ciudadano, lo está exprimiendo.

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