El Ciudadano | Montevideo
@|El uruguayo vive escondido en su desidia, queriendo ignorar las demandas y gritos de ciudadanos que ven sus derechos avasallados por gobiernos que, amparados en el propio sistema político, tienen el poder de hacer lo que sus intereses individuales les demandan.
Así, las mayorías ciudadanas ignoran los afectados por las obras de Casupá, los viajes faraónicos de los políticos, los discursos intrascendentes y tantas otras cosas que se agrupan en una sola y cómoda frase: “Y a mí qué me importa”.
Pero el desinterés tiene fecha de vencimiento. Dura exactamente hasta que nos llega una jubilación miserable. Hasta que nos cae la cuenta impagable de UTE, Antel, OSE, los impuestos municipales o las tasas de turno. Hasta que tenemos que hacer un trámite y nos enfrentamos a una burocracia salvaje e interminable. Cuando la enfermedad nos condena a esperas eternas o a la falta de remedios en la farmacia mutual. Cuando vas al supermercado, todo aumenta un disparate y el gobierno te dice que la inflación es de un solo dígito. O cuando te toca salir a la calle entre balaceras, en un barrio dominado por el narcotráfico.
Y la lista sigue.
¿Sabés una cosa? “A mí qué me importa”... es lo que te van a decir a vos cuando te quejes, si a ti antes no te importó tu vecino.
O nos unimos en una reforma de la Constitución que de verdad cambie este sistema político que nos condena a sufrir, o seguiremos del lado del que no le importa a los demás.