Yo y mi lógica | Montevideo
@|Se ha convertido en una tendencia en varios países de América del Sur que accedan a la Presidencia personas que no han tenido actuación política previa o ha sido de escasa relevancia (por ejemplo, Argentina y Chile).
Un candidato presidencial debe contar con antecedentes de experiencia parlamentaria, capacidad de diálogo entre pares y con opositores, ideas claras y concretas respecto a las prioridades a encarar en la conducción de una sociedad, visión de mediano y largo plazo, capacidad de planificación y ejecución y de actuación en equipos, personalidad para asumir decisiones y consecuencias.
En el caso de Uruguay, nos encontramos con tres candidatos de la oposición que sustancialmente han actuado previamente como Intendentes de un departamento, con responsabilidades muy diferentes a las de dirigir un país (más allá de la evaluación de los éxitos o fracasos de sus gestiones). Algo similar ocurre con algunos potenciales aspirantes de los partidos tradicionales, más allá de su potencial capacidad a nivel de la actividad privada o afines.
Como referencia reciente local no muy positiva se puede recordar los casos del líder de “Cabildo Abierto” o del ex conductor de “Ciudadanos”.
Por el contrario, un fallecido ex Intendente de Paysandú forjó su carrera política actuando en el Parlamento durante muchos años, antes de postularse a cargos de esa envergadura.
En la próxima elección, Uruguay se juega el rumbo del futuro del país, tan bien marcado y llevado adelante durante el transcurso del actual gobierno; sabiendo qué ha quedado por hacer. Votantes: piensen con racionalidad y actúen sin pasión.
Adicionalmente, se debería evaluar la conveniencia de una prohibición legal o constitucional de poder presentar una candidatura presidencial hasta por lo menos cinco años después de haber cumplido tareas como Intendente, para evitar que se utilicen cargos y recursos para fomentar campañas electorales personales.