Uruguayo esperanzado | Montevideo
@| Se discute a ciertos niveles en prensa, redes sociales y afines respecto a si en Uruguay existe o no “la grieta” (denominación generada y difundida en la Argentina) y se plantean puntos de vista diferentes al respecto.
Hay quienes sostienen que nuestro país es un ejemplo de sociedad en ese ámbito, comparado sobre todo con otros países de la región y también a nivel internacional. En el otro extremo, están quienes argumentan que los uruguayos estamos absolutamente divididos en dos bandos irreconciliables y que el futuro que nos espera será de enfrentamientos cada vez más frecuentes y graves.
Sin pretender tener la razón, en mi opinión, cada vez nos dirigimos más hacia el último escenario. Para citar algunos ejemplos:
- Hay muchos actores políticos - fundamentalmente de la “izquierda” aunque los hay de la “derecha” - que fomentan posiciones extremas, intentando descalificar permanentemente a quienes no piensan igual que ellos. (Hace poco leía que “Al adularse por los éxitos del país y quitarse la culpa de los errores, el político produce en el votante un tipo de mentalidad que no favorece la búsqueda de buenas propuestas”).
- Determinados sectores de la sociedad - en particular, comunistas y muchos sindicalistas - hacen del planteo de “la lucha de clases” un referente básico para su modo de razonar y su accionar cotidiano.
- Quienes estuvieron 15 años a cargo de los últimos tres gobiernos nacionales (con aciertos y errores) no son capaces de reconocer la conducción de la actual Administración y critican permanentemente su accionar, más allá de claros logros alcanzados en un escenario mundial, regional y local complejo y exageran las críticas de los eventuales insucesos.
- Existen medios de prensa que presentan posiciones sesgadas sobre la realidad, sin aportar visiones que incluyan pros y contras de las situaciones para permitir un análisis objetivo por parte de los receptores de la información.
- En los institutos de educación pública - entre otros ámbitos del quehacer nacional - pequeños grupos de docentes y estudiantes, que no representan a la mayoría del profesorado ni del estudiantado, crean un clima permanente de quejas sin fundamentos racionales sólidos.
- Adicionalmente, en la faz más privada, es claro apreciar que cada vez es más difícil mantener conversaciones sobre temas políticos y sociales con familiares o amigos que tienen visiones diferentes sobre la realidad nacional basadas en su ideología y defendidas “a ultranza”.
Como uruguayos, vamos por muy mal camino si no revisamos estas actitudes e intentamos generar consensos sólidos respecto a aspectos claves para el futuro de la sociedad y para el desarrollo del país, más allá de mantener cada uno sus opiniones, pero respetando las de los demás.