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Uruguay: ni tantos Santos ni tantas malas Señas

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Alberto Rodríguez Genta | Montevideo
@|Esto ya no da para más. Seguir alimentando y recreando el morbo (“atractivo que despierta una cosa que puede resultar desagradable, cruel, prohibida o que va contra la moral establecida”) entre nuestros compatriotas, a través del sensacionalismo y el amarillismo periodístico, sin límites ni ética, es algo que no ayuda, sino más bien corroe y degrada a la sociedad como tal. Y debe ser cuestionado. Porque al fin y al cabo, el respetar las instituciones y fomentar los principios y los valores que hacen a una sociedad, es una tarea de todos.

Y está muy bien, y lo he aplaudido en algunas oportunidades, que un programa periodístico como “Santo y Seña”, u otros, investiguen, identifiquen y desnuden las estafas y corrupciones entre nuestros propios compatriotas. Porque eso va de frente y a favor de la ley, el orden y la moral. Pero que en un programa televisivo como Santo y Seña se muestren y divulguen comentarios reservados de fiscales y autoridades legales en plena investigación pública de hechos cuestionables (en este caso de la fiscal Alicia Ghione) mediante teléfonos pinchados o alcahuetes comprados, es tan despreciable como lo anterior. ¡Y mucho más!

Esto excede la ética del periodismo.

Porque si esto es tan fácil de comprar y hacer por parte de un periodista, ¿qué será lo que no pueden hacer, lograr, y comprar los narcoterroristas? ¿Eso es lo que queremos transmitirle a nuestra población? ¿Que estamos todos jodidos, podridos, sin remedio y al margen de toda redención?

Muy bien; pero en todo caso, todos seremos responsables de nuestra destrucción.

Y ojo, porque esto (y lo digo con respeto) pasa los límites del amarillismo puro, y el exceso de protagonismo mediático de quienes utilizan la profesión de periodistas para alimentar y alimentarse del negocio periodístico.

Mal, por Santo y Seña; mal porque tiene además un grupo de sanos y profesionales periodistas, a los cuales tampoco se les hace ningún favor más allá de pagarles unos emolumentos.

Lástima que un programa como éste utilice su supuestamente buen nivel de rating, para sumirnos y confundirnos a todos, por no respetar, por los menos, a nuestros abnegados y abnegadas fiscales, jueces, e instituciones que trabajan con tantas limitaciones para sembrar la confusión de que somos todos miserables.

Nadie es perfecto, por suerte. Tenemos nuestras limitaciones. Pero hoy, los uruguayos somos admirados mundialmente por el respeto a nuestras instituciones, a nuestras leyes, a nuestra convivencia y a nuestros valores, sin caer en demasiados protagonismos. Algo por lo cual podemos sentirnos orgullosos todos.

Pero eso de creerse, como periodista, más que Dios, la Virgen María o Jesucristo, me parece que no va.

Puede que no haya tantos Santos, pero tampoco tantas malas Señas…

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