M. Victoria Pereira Flores | Montevideo
@ | En los últimos años estamos viviendo en nuestra costa un proceso arrasador, se está fraccionando el territorio bajo el riesgo de perder una serie de valores positivos, muy altos e irrecuperables del patrimonio uruguayo.
Debilitando los servicios ecosistémicos que brinda el suelo, menguando la biodiversidad, quebrantando el paisaje… y generando problemones relacionados con el saneamiento, el consumo de agua dulce, el aumento del tráfico en temporada (cuasi de una capital de país) y muy especialmente generando la pérdida de la esencia e identidad de los espacios.
Que todo cambia no hay duda alguna, pero si se lo hace sin estrategia ni planificación basada en criterios de sustentabilidad y sostenibilidad, sin una visión integral, y sin tener en cuenta las consecuencias sobre lo que se interrelacionan dichos procesos urbanísticos … el cambio no es un plus ni mucho menos una evolución, sino un rotundo deterioro.
La especulación urbanística, el lavado de dinero y el estar de moda, ha hecho que determinadas zonas se hayan transformado en focos de atracción fatal de promotores inmobiliarios diversos, que buscan sacarles fruto a los territorios, loteándolos. Algunos (los menos) marcando una diferencia con los otros y generando lugares mimetizados con los ecosistemas que los albergan y en padrones o lotes grandes (con fracciones mayores a las 5 hectáreas), los otros (la inmensa mayoría) generando “conejeras de lujo” y “cuasi” en sitios donde justamente la belleza radica en la rusticidad y lo agreste.
Soy defensora de la propiedad privada, entiendo que los propietarios tienen derechos sobre sus bienes, pero esos derechos no son ilimitados (me fundamento en la Constitución), y es deber del Estado procurar observar y accionar en miras de dichos limites por razones de interés general.
Creo en las normas, soy abogada, le tengo fe al sistema jurídico, pero las excepciones en la normativa vigente, muy especialmente a nivel departamental, y la ausencia de una visión integral del territorio, han hecho que por ejemplo uno vaya sobre la ruta 10 y vea del lado de la costa desarrollos, obras o emprendimientos “nuevos” que con el mínimo sentido común no se pueden comprender, pues no deberían de estar. Y conste que digo “nuevos” porque en el siglo anterior había otra mirada de la importancia del patrimonio natural y se generaron loteos incluso sobre la costa, pero esa visión es no solo antigua sino contraria a los escenarios de la actualidad (cambio climático, importancia de las dunas, rol de los humedales, valor económico del paisaje, etc.).
Las normas han sido hechas para poner en orden las conductas sociales, y por ende deben de ir a la par de estas, no de cola para subsanar lo insubsanable. Las urbanizaciones tienen límites, existe una capacidad de carga, y por supuesto hay que mirarlas a todas con una visión global cuando están en un mismo sitio de forma lineal, porque es la realización de todas juntas lo que genera una transformación general, pues producen efectos acumulativos.
Me entristece ver los loteos se vienen… incluso de los mismos corroboro una inmensa mayoría de promotores inmobiliarios (e inversores) extranjeros, y la situación de que esos loteos sean comprados mayormente solo por extranjeros pues el “uruguayo medio” no tiene el poder adquisitivo para adquirir ciertas propiedades. Me consta algunos de esos promotores inmobiliarios no viven acá, tal vez estén en temporada veraniega o a lo sumo sacaron su residencia fiscal por las facilidades que brinda el Uruguay en relación a los impuestos para atraer inversiones… y siento que esta situación no está bien. He sido emigrante e inmigrante, defiendo los procesos migratorios … pero el futuro del territorio de Uruguay debemos marcarlo los uruguayos, y la estrategia de crecimiento del país debe de ser consensuada entre los uruguayos y los residentes en el país desde hace varias décadas atrás (extranjeros que tienen derechos adquiridos por haber elegido nuestro Uruguay para vivir y lo llevan en sus emociones, no solo en sus balances económicos).
El futuro del territorio uruguayo jamás debe tener de norte lo que el dinero a corto plazo procure, y reitero, menos de menos bajo la vía de la excepcionalidad de un gobierno departamental, o sin una visión integral de un gobierno nacional, que por el contrario deben procurar una estrategia de crecimiento que cuide nuestra esencia, y la identidad y patrimonio cultural y natural que hasta ahora tanto nos ha caracterizado, y que en cierta manera por irónico que sea es lo que justamente en parte ha generado esta ebullición de negocios inmobiliarios.
Si cerramos los ojos a esta realidad seremos los necios que con el diario del lunes (lo que está pasando en nuestra costa ya ha pasado en otras costas del mundo) vendemos el rico patrimonio de los orientales bajo el no precio de nuestra necesidad, parafraseando a nuestro Prócer José Gervasio Artigas.
Por todo ello, al Gobierno Nacional, muy especialmente en los Ministerio de Ambiente, Turismo y Economía (pónganle un precio a la biodiversidad urgente, y con ello páguenle los servicios ecosistémicos de la tierras a los propietarios de las mismas!) solicito se tome conciencia y se actúe en relación a estos hechos, a los Gobierno Departamentales peticiono que hagan lo mismo en relación a sus competencias (claro está que a corto plazo cobran mayores contribuciones y servicios con estos fraccionamientos, pero a largo plazo pierden como los más la riqueza de sus territorios…), a cada ciudadano que emita su opinión de forma pública y con su voto condicione voluntades políticas (ha quedado demostrado con Punta Ballena lo que el poder ciudadano puede transformar ante la ilegalidad manifiesta de los hechos), y a cada visitante o actual habitante de Uruguay que por favor disfrute, pero que con la mirada única del negocio no nos quiera transformar en lo que nos caracteriza, valemos y resaltamos en el mundo.