Alejandro A. Tagliavini | Estados Unidos
@|El presidente de los EE.UU. está, literalmente, desordenando al mundo al punto que, el tradicional activo refugio, el oro, ha pasado de grandes subidas a caídas de más de 2 dígitos semanales. Desde un máximo que superó los USD 5600 por onza troy hacia fines de enero de este año ha caído más de 20%, la bajada más abrupta -e inimaginable- de su historia.
Ya decían los filósofos griegos, que la violencia -cuyo monopolio se arrogan los Estados, creadores de guerras y todo tipo de conflictos- es siempre contraria al ordenamiento natural, espontáneo, del cosmos y, por tanto, desordenadora.
Trump, comenzó complicando toda la economía global con sus aranceles. Y ahora la guerra con Irán que, obviamente, está perdiendo al punto que acaba de afirmar que el estrecho de Ormuz será gobernado por él y el Ayatola, consolidando de este modo la autoridad del régimen criminal en Irán.
Así las cosas, es francamente imposible hoy intentar adelantar el resultado de cualquier inversión en cualquier parte del mundo.
En un contexto de elevada tensión geopolítica, la debilidad del oro puede parecer contraintuitiva. Pero, la reacción del mercado responde más a dinámicas de liquidez y posicionamiento que a un cuestionamiento de su papel como activo refugio.
A ello se suma el fortalecimiento del dólar, que está actuando como principal refugio en el actual escenario. Además, el foco del mercado se ha desplazado hacia la energía ya que las tensiones en el estrecho de Ormuz han impulsado el precio del petróleo y reavivado el supuesto riesgo “inflacionista”, atrayendo flujos hacia activos vinculados a la energía en detrimento del oro.
Ahora, este error generalizado de confundir inflación con suba del IPC -que, por otra parte, es un cálculo arbitrario según quién y cómo lo estime- lleva a políticas y prácticas negativas. La inflación no es la suba de precios sino la inversa, la depreciación de la moneda como consecuencia de un exceso de emisión en tiempo real.
El movimiento relativo de precios es algo normal y bueno en el mercado. En este caso en particular, la suba del crudo se da porque la oferta está complicada y, entonces, al encarecerse promueve que se utilice menos y se intente producir más.
Entre las políticas erradas que promueve esta confusión, está la muy generalizada entre los bancos centrales de pretender bajar la “inflación” -la suba del IPC en rigor- aumentando las tasas de referencia lo que provocaría una contracción en la oferta de dinero y, consecuentemente, en la suba de precios en general.
Pero este aumento, al ser artificial no inducido espontáneamente por el mercado, provoca un desajuste en las inversiones y el consumo ya que, las tasas de interés en un mercado libre -como cualquier otro precio- arbitran dirigiendo eficientemente la demanda y oferta de fondos.
Esta falsa concepción sobre las tasas está tan generalizada que muchos inversores suponen que, dadas las “expectativas inflacionarias” por aumento del precio del crudo, la Fed las subirá “fortaleciendo” al dólar, en rigor, no lo fortalece pero sí que lo hace más rentable y así reduce el atractivo relativo del oro en el corto plazo.
En fin, entre otros comportamientos insólitos que han tenido los mercados financieros, ha ocurrido que un grupo de “inversores” compró contratos de futuros sobre el S&P 500 por USD 1.500 millones, operación tan voluminosa que hizo que todo el índice subiera un 0,3 % instantáneamente, y vendieron crudo por alrededor de USD 500 millones, como destacó Financial Times. Un cuarto de hora más tarde, Trump anuncia “conversaciones productivas” con Irán que resultaron ser falsas pero que, en lo inmediato, provocó que el índice bursátil se disparara y estos “inversores” ganaran USD 60 millones en quince minutos. Por cierto, algunos desconfiados sospechan que se trataría de “insiders”, es decir, corrupción en el gobierno de los EE.UU. porque habrían utilizado “información interna”.