Roberto Regina | Montevideo
@|A un año del nuevo gobierno, poco y nada para el transporte de cargas.
Sería injusto si no me expresara sobre la situación actual del Transporte Profesional de Cargas como lo hice con el gobierno anterior el primer año de su gestión, que suspendió herramientas fundamentales para el control; es más, reconociendo las irregularidades del sector.
Mi sinceridad siempre apunta al bien común para el transporte. Me expreso como transportista retirado que conoce el sector desde adentro y valora todos los proyectos realizados.
El período anterior en materia de Transporte Profesional de Cargas dejó un saldo que el sector difícilmente puede considerar positivo. Las desregulaciones, decisiones administrativas vividas como arbitrarias, y un clima de tensión permanente, erosionaron la confianza del sector. Muchos transportistas sintieron que disentir podía traer consecuencias y que la crítica no era bienvenida. Ese escenario no fortaleció al sistema, por el contrario, lo debilitó y fragmentó. Por eso, el cambio de gobierno generó una ilusión enorme en el sector. No fue una expectativa moderada, fue una verdadera esperanza de que se iniciaría una nueva etapa de diálogo real, liderazgo técnico y reconstrucción institucional, con la presencia en el gobierno de un asesor conocedor del rubro, el primer presidente del ITPC, Sr. Ernesto Toledo.
Las primeras señales parecían confirmar ese rumbo; durante los primeros meses se percibía voluntad de revisar lo actuado y recomponer una política con base técnica sólida, realizando reuniones presenciales y por zoom con gremiales e inclusive con transportistas independientes escuchando todas las voces. Sin embargo, con el paso del tiempo esa ilusión empezó a desdibujarse. Algunas decisiones, ciertos nombres y actores y determinados enfoques empezaron a percibirse como una continuidad más que como un cambio. Y cuando las prácticas se asemejan a las que anteriormente no lograron consolidar resultados, es inevitable que surja una pregunta incómoda: ¿podemos esperar un desenlace diferente haciendo esencialmente lo mismo? La experiencia acumulada es valiosa cuando sirve para rectificar rumbos, pero si no se traduce en ajustes concretos de método, de estrategia y de estilo de conducción, los resultados tienden a repetirse. Y el sector ya conoce cuáles fueron las consecuencias de determinadas dinámicas: desconfianza, tensión y pérdida de previsibilidad.
El Transporte Profesional de Cargas no nació de improvisación, su marco regulatorio fue fruto de años de negociación y construcción de consenso entre el Estado y el sector privado, con una visión integral operativa fiscal, previsional y de control. Fue pensado como política de Estado; alterarlo sin una estrategia de implementación sólida y compartida, inevitablemente genera resistencia y fractura.
La Guía de Carga es un buen ejemplo. No es un instrumento accesorio, es una herramienta estructural para ordenar y transparentar el mercado, es la trazabilidad del transporte y todo lo que mueve el transporte. Si durante décadas no logró consolidarse plenamente no fue por la norma en sí, sino por la forma en que se intentó implementarla. Cambiar los resultados exige cambiar las estrategias de construcción de acuerdos, de lo contrario se repite el mismo ciclo de tensión y estancamiento. Todavía estamos a tiempo de evitar que la ilusión inicial se transforme en desencanto estructural. Pero para que eso ocurra es necesario asumir que si se hace lo mismo no se pueden esperar resultados diferentes. Se requieren señales claras de liderazgo técnico, apertura genuina y amplia, que reconstruya confianza real.
La confianza no se decreta, se construye con coherencia entre el discurso y la práctica. Cuando el sector percibe continuidad en aquello que cambiará, la disolución no es ideológica, es consecuencia directa de la experiencia.
Sinceridad y cristalinidad. Esto es un problema de todos los gobiernos desde hace años, los actores políticos saben todo, tienen documentos oficiales y privados; cada uno sacará sus conclusiones.