Néstor Lioret | Montevideo
@|Mi amigo, el viajado, antes de tomárselas de Uruguay y de obsequiarme un whisky japonés que conoció en Dotombori, Osaka, me dejó un par de interesantes reflexiones que las felices ranas de la penillanura en un agua que cada día se calienta imperceptiblemente, no alcanzamos a percibir.
Una discusión pública en torno al despilfarro de mil millones de dólares para ahorrar tres minutos a quién sabe quién, pero que huele más a tener su propio monolito con la plata de los contribuyentes, estilo Cosse, y, pensando mal, beneficiando a los compas por arriba y abajo de la mesa. Total, se declara secreto por 108 años y listo.
El punto es que cada día muere un montevideano por un error de diseño en los cruces peatonales; lo dijo un experto español hace poco a quien lo quiso escuchar.
El tránsito en la capital a pesar de ser una ciudad pequeña ya rivaliza con Kolkata (vayan y verán), sólo que en vez de vacas sagradas aquí tenemos carros de caballos, motos con escape libre y vehículos cuyos escapes asombrarían en Delhi.
Algunas calles de Dhaka están mejor iluminadas que lo que nos da la Intendencia capitalina.
Pero eso sí, sobran secretarías y asesorías de los temas más variopintos, todas con cafetera, impresora, aire acondicionado, chofer, asesores y alcahuetes a sueldo.
Con la décima parte de esa plata se podrían enderezar estos y otros entuertos, pero claro no dan glamour ni suman perfil para aspiraciones presidenciales.