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¿Todo tiempo fue mejor?

María Guillermina Coolighan | Montevideo
@|Aferrarse a tal enunciado siempre ha sonado como alguien longevo, anclado en el pasado, en suma, conservador.

Mi razonamiento viene a cuento luego de leer dos excelentes editoriales de El País de fecha domingo 8 de octubre de los corrientes.

En realidad, todos los editoriales del día mencionado fueron excelentes, demostrando el diario su apego a todo lo que la cultura tiene para aportarnos.

Sin embargo, me basaré para mi opinión en un área que me interesa especialmente y es todo lo que atañe a la educación.

Ambos editoriales, uno firmado por el Dr. Jorge Grünberg y el otro, por el Sr. Tomás Linn, tienen de alguna manera muchos puntos en común y hablan justamente de la educación y su evolución en el tiempo.

Cuando el Sr. Linn habla de volver a lo clásico, pretende demostrar que con los resultados demostrados al día de hoy por nuestros aspirantes a docentes, mal podrán enfrentar el desafío de transmitir conocimiento en lecto-escritura y o matemáticas básica cuando ellos han sido testeados y 55% no puede realizar una producción escrita medianamente aceptable y un 38% es incapaz de comprender un texto. Ni que hablar de saber realizar operaciones básicas de matemáticas. O sea, la tecnología, que no debemos denostar, ha hecho que apoyados en ella, el estudiantado se descanse en que “igual lo hace la máquina”.

A mayor abundamiento, el Dr. Grünberg va aún más lejos remarcando que en un mundo donde escribir ya no sea necesario, la habilidad de pensar decaería (ya lo estamos viendo) con consecuencias nefastas para la sociedad.

Él habla de usar la tecnología para mejorar nuestras habilidades, no para reemplazarlas, agregando que si no el riesgo será que los humanos nos volvamos menos inteligentes.

De ahí la importancia de volver a lo clásico dando a lo nuevo su importancia relativa. Muchos países, de hecho, ya lo están haciendo, volviendo a los dictados con correcciones, a las clásicas redacciones, producciones escritas con requerimientos superiores, etc.

Quien antes estudiaba en libros de texto, ahora lo hace en resúmenes (¿redactados cómo?) y más cerca en el tiempo ya en nivel terciario, en preguntómetros (¡salve Ud. su examen estudiando las respuestas a las siguientes 500 o 600 preguntas de examen más repetidas en el tiempo!).

Por todo ello, creo más que pertinentes, diría casi insoslayables, ambos editoriales para entender que la enseñanza hace agua por donde se la mire, para defender sí el uso de la tecnología como herramienta para mejorar pero también para reflexionar sobre “volver a lo clásico” que no significará ir para atrás en cuanto a calidad sino tomar lo mejor de aquel mundo sumándole lo mejor del actual.

Por todo ello, ni todo tiempo pasado fue mejor ni el actual puede ser inmodificable. La suma de ambos redundará seguramente en excelentes resultados educativos para nuestros alumnos que seguirán usando su inteligencia para pensar y ayudados por los recursos que brinda la tecnología, conseguir resultados destacables.

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