José Pedro Traibel Oribe | Montevideo
@|Auto-percepciones y convivencia.
La libertad de pensamiento es un pilar insustituible de toda sociedad democrática y plural. Cada individuo tiene el derecho a formarse y sostener su propia visión del mundo. Pero toda libertad tiene su límite y ese límite es el respeto por la libertad de las personas con las que convivimos y forman parte de la sociedad en la que habitamos. Esa libertad no puede presentarse como una licencia para alterar o modificar las reglas básicas que garantizan la convivencia armoniosa, la higiene pública y la organización social.
Recientemente hemos visto manifestaciones públicas de auto-percepciones (therians) que trascienden el ámbito puramente personal para reclamar un lugar en la esfera colectiva. Algunos grupos han reivindicado auto-percepciones no humanas y han reclamado reconocimiento que, más allá de su valor simbólico para quienes los sostienen, tropiezan con normas públicas de higiene, orden y convivencia.
Del mismo modo, desde hace un tiempo el debate sobre la auto-percepción de sexo distinto al biológico ha llegado a ámbitos sensibles como baños, vestuarios, cárceles , planteando tensiones reales en contextos laborales, educativos e institucionales, donde coexisten múltiples derechos e intereses.
Nadie desea negar la dignidad ni frenar la libertad de nadie. Pero tampoco es menor reconocer que la convivencia social se organiza bajo reglas compartidas que surgen de consensos y estructuras básicas, incluidas las bases biológicas de la vida humana. Cómo organizar una sociedad y su convivencia sino es partiendo de bases biológicas naturales como ser el hombre, la mujer, el animal.
La libertad de pensamiento condiciona la acción, genera hábitos que forman un carácter y conforman un destino que en conjunto forman una sociedad. La armonía de esa sociedad lleva a la convivencia pacífica.
Dicho de otro modo, las auto percepciones pueden ser un pensamiento pero si genera problemas de convivencia deberían manifestarse en ámbitos privados.
Los que se auto perciben animales o de otro sexo o cualquier otra cosa, que formen un “ club” y manifiesten todas sus costumbres y hagan lo que deseen pero entre cuatro paredes.
Defender la libertad individual no significa que toda auto-percepción deba traducirse automáticamente en derechos exigibles que reconfiguren la convivencia colectiva. Permitir que cada percepción subjetiva defina o cambie continuamente las normas públicas equivaldría a renunciar al marco común que hace la estabilidad y posible la vida en sociedad.
Los baños, vestuarios, espacios educativos y otros ámbitos de uso compartido tienen reglas no para excluir, sino para facilitar el uso respetuoso y seguro de todos. Las políticas públicas no deben considerar cada autopercepción, le deben respeto a las mayorías que conforman la sociedad, a la individualidad, a la privacidad, a la seguridad, la higiene y la dignidad de todas las personas.
Proponer límites razonables no es intolerancia, sino reconocimiento de que una sociedad plural se sostiene sobre acuerdos compartidos, no sobre la imposición de visiones individuales como norma.
Opino que el derecho a tener libertad de pensamiento debe ser respetado pero eso no significa que debemos respetar todos los pensamientos y que debamos darles un espacio en nuestra sociedad cuando ellos alteran la convivencia pacífica. Lo que debe primar sobre el respeto a pensar es el respeto a las personas que nos rodean.