Arq. (J) Ignacio David Weisz | Montevideo
@|...“nuestra sociedad es hipócrita...”.
La primera vez que escuché esta sentencia me pareció cruel e injusta. Con el tiempo descubrí cuánta perversidad ocultaba.
Una parte de nuestra sociedad se queja de la inseguridad. Pero ésta es alimentada con la cantidad de violencia contenida en las películas que difunden sitios web, canales de TV y cines (que ven esos quejosos pero también los transgresores); con las páginas rojas que encabezan y predominan en el excesivo número de medios (vistos por convencidos que los puños persuaden más que el diálogo); y por una prensa (que en aras de lo que postula como “libertad de prensa”) no escatima en difundir datos valiosos para la Policía Científica (como la importancia de los casquillos de las balas y las cámaras de vigilancia) o incrementar el ego de los delincuentes alabando su rápido accionar o llamándolos “comandos”.
Los cambios en la naturaleza demandaron millones de años. Fueron imperceptibles e irreversibles. Los efectos de esa política de acostumbramiento a la violencia no siguieron esa tónica. Las secuelas fueron sutiles. La sociedad se acostumbró a que un integrante afectara la percepción de millones. La pérdida de valores marcó la misma velocidad.
El preocuparse por las consecuencias en lugar de las causas, hizo el resto.
La sociedad optó por transitar las vías del materialismo. Todo lo que no era “palpable” era desplazado o descartado. Entidades espirituales, como la ética y la moral, pasaron a ser escasos o ausentes. El afán por acumular el poder que genera el dinero impulsó la revolución industrial y ésta los cambios económicos y sociales que generaron nuevas pautas culturales.
Quienes detentaban los bienes de producción lograron incrementarla recurriendo a nuevos medios científicos y tecnológicos. De la cadena productiva pasaron a la automatización, la robótica y a la inteligencia artificial generativa. La necesidad de colocar los excedentes dio lugar al mercadeo y la publicidad. Nuevamente la sociedad tomó el camino de la selección natural. El poder descartó la necesidad de una equidad social. Dejó de tener una ciudadanía y se hizo trasnacional.
¿Cómo revertir este proceso que arruina la existencia del ser humano en sociedad sin reeditar los míticos diluvios? Hay dos caminos: recurrir a los métodos “bukelianos” y entonces la hipocresía se une a la injusticia mientras todo sigue igual si no peor, o potenciar el estudio de las causas para no mantener, aumentar y con suerte mitigar y eliminar las consecuencias.
La propuesta sería:
- Mantener e incrementar las penas para desalentar a los transgresores.
- Analizar los orígenes (que son múltiples) y encontrar soluciones fundamentales y sostenibles; los políticos la postergan con excusas como “excede un período de gobierno”, “no se logró convertirlo en cuestión de Estado”, “demanda cuantiosos recursos”...
- Fomentar la educación que promueva valores éticos y morales desde una edad temprana, creando conciencia sobre el impacto de la violencia en los medios y promoviendo una cultura que valore el diálogo sobre la confrontación.
- Promover la responsabilidad en los medios de comunicación para reducir la glorificación de la violencia, incentivando la creación de contenidos que inspire valores positivos.
- Impulsar la participación activa de la sociedad en la toma de decisiones, fomentar la transparencia y la rendición de cuentas en las instituciones.
- Abordar la desigualdad social y económica, promoviendo políticas que beneficien a toda la sociedad y no solo a una elite.
- Promover el diálogo abierto y constructivo como medio para resolver conflictos y diferencias en lugar de recurrir a medidas autoritarias.