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Sobreviviendo a los derechos humanos

Roberto Alfonso Azcona | Montevideo
@|Ya no son los derechos humanos de antes. Los de 1948, los que firmamos con orgullo, los que defendían la vida desde la concepción, la familia como célula básica, la libertad de los padres para educar a sus hijos y la propiedad privada como derecho natural; aquellos sí eran derechos humanos.

Los de ahora son otra cosa, son los “derechos humanos” que se usan como ariete para imponer una agenda que nada tiene que ver con la dignidad de la persona y todo con el control ideológico total.

El 27 de noviembre de 2025, en la Torre Ejecutiva, la Secretaría de Derechos Humanos lanzó el “Mes de los Derechos Humanos” con coros infantiles, acuerdo con la UNESCO y una batería de anuncios que suenan a progreso pero huelen a vigilancia; Sistema Integrado de Derechos Humanos (SIDH), promotores barriales, puntaje de buena conducta progresista y arte carcelario para decorar el hall.

Lo que no dicen es que estos nuevos “derechos humanos” incluyen: el derecho a eliminar a un niño hasta el día antes de nacer y llamarlo “salud reproductiva”; el derecho a confundir a un niño de cinco años sobre su sexo y llamarlo “diversidad”; el derecho a que el Estado entre a tu casa (o a tu perfil de Facebook) a chequear si pensás “correctamente”; el derecho a que te cierren la cuenta bancaria o te nieguen un trabajo si no aplaudís lo suficiente la bandera arcoíris.

Los derechos humanos de antes te protegían del Estado. Los derechos humanos de ahora te entregan al Estado con moño y todo. Por eso hoy la tarea no es “defender los derechos humanos”, eso lo hacen los funcionarios que viven de ellos; la tarea es sobrevivir a los derechos humanos tal como nos los presentan en 2025; sobrevivir a su burocracia asfixiante, a su policía del pensamiento, a sus promotores que van a tocarte el timbre para “sensibilizarte”, a su sistema de datos que ya sabe más de vos que tu propia madre.

Sobrevivir a los derechos humanos es criar a tus hijos con la verdad cuando la escuela les enseña la mentira. Es mantener la familia unida cuando la declaran “opresora”. Es seguir diciendo “hombre” y “mujer” aunque te multen por “discurso de odio”. Es negarte a celebrar el aborto aunque te digan que sos medieval.

El 10 de diciembre brindarán otra vez por los “77 años de la Declaración Universal”; que brinden, nosotros estaremos ocupados en algo más urgente, sobrevivir a la versión mutante y totalitaria que han hecho de ella. Porque cuando los derechos humanos se convierten en el garrote del poder, lo único que queda es resistirlos. Y resistir ya no es un acto de rebeldía. Es un acto de supervivencia.

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