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¿Sin rumbo?

Juan Pedro Arocena | Montevideo
@|Desde luego que esto de que el país va “sin rumbo” es antes que nada una muletilla electorera de la candidata Carolina Cosse. Pero el postulado también dice relación con la ideología. La formación intelectual de la dirigencia frenteamplista se encuentra hoy restringida a los círculos de influencia ideológica provenientes del comunismo y del movimiento tupamaro y a su común denominador marxista. Todo el que participa en política a partir de esa definición doctrinal pretende estar en posición, no sólo de marcar un rumbo sino también apto para “diseñar el futuro de las sociedades”. A diferencia del capitalismo (economía de mercado), el socialismo real como organización económica de las naciones no surgió de la evolución natural de la realidad humana sino como consecuencia de un prediseño engendrado en la imaginación tan profusa como enfermiza de sus fundadores. Y siendo así, desde su propio origen, se encontró signado por el fracaso.

¿Recuerdan las Bases Programáticas del Frente Amplio de 1971? Por cierto, que ellas marcaban un “rumbo” muy definido para un Uruguay eventualmente gobernado por la que, en aquel momento, era una naciente coalición de izquierdas. De haber triunfado ese FA, se habrían estatizado el comercio exterior, la banca, las principales industrias y se hubiera llevado a cabo una reforma agraria bajo la consigna (hoy tan tristemente divulgada por el chavismo) de “exprópiese”. Atendiendo a la realidad de los países que emprendieron aventuras similares, hoy Uruguay tendría un 90% de pobres, la hiperinflación se habría devorado el poder adquisitivo de los ingresos fijos, habríamos ahuyentado toda inversión extranjera y la de origen nacional languidecería en un país sin posibilidad de crecimiento.

Cuando al Frente Amplio le tocó gobernar, nada quedaba en pie de este “rumbo” y de ese prediseño del futuro marcado por la ideología de la insurrección sesentista. La conducción económica del país fue responsabilidad de un Cr. Astori, cuya manera de pensar en economía cambió dramáticamente entre 1990 (cuando aun sostenía que Cuba vivía un proceso de desarrollo económico pujante y defendía las concepciones dependentistas que ya se encontraban en plena revisión, incluso desde la misma academia integrada por quienes fueron sus autores) y 2004, año del primer triunfo frenteamplista. En consecuencia, el Frente Amplio en el gobierno no siguió el rumbo marcado en 1971 y administró un país que felizmente no había incurrido en él.

Atreverse a “diseñar el futuro” es una petulancia muy frecuente en el mundo de la política y en particular en la política de izquierda. Antes de la década del 90 era impredecible internet. ¿Qué político imaginó el impacto social de Microsoft, la tecnología 3G o 5G, qué futurólogo imaginó una sociedad provista de inteligencia artificial? Si no sabemos cómo va a ser el mundo que estamos construyendo nosotros mismos día a día, ¿cómo atrevernos a diseñarlo?

El liberalismo como filosofía, contempla la realidad humana, respeta su evolución y a cartas vistas, desde la conducción política y económica, con mucha prudencia, va procurando estimular los aspectos más beneficiosos de esa evolución y retardar los que se consideran perjudiciales. Todo esto en el medio de un proceso en el que se concibe al conocimiento “como un conjunto de corroboraciones provisorias sujetas a refutaciones en un contexto evolutivo” (Karl Popper), lo que nos hace tener presente lo ignorantes que somos acerca de nuestro propio futuro. Siendo así, la prudencia liberal puede ser vista desde la soberbia ideologizada, como una carencia de rumbo. Pero día a día, corroboramos, que mientras los rumbos de adoctrinada firmeza llevan a las naciones al desastre, las conducciones de inspiración liberal están a la vanguardia de la humanidad.

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