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Seguridad ciudadana

Ciudadano preocupado | Montevideo
@|La seguridad pública figura entre las principales preocupaciones en Uruguay. Frente a episodios de violencia y crimen organizado que antes resultaban impensables, el debate suele estancarse en una falsa disyuntiva: ¿prevención o represión/sanciones?

De lo que se discute conceptual en ámbitos internacionales indica que la evidencia y la criminología coinciden en que los países con mejores resultados no eligieron entre una u otra, sino que integraron ambas en una estrategia coherente.

Por un lado, la prevención requiere oportunidades educativas y laborales, atención a las adicciones, recuperación del espacio público y medidas urbanas básicas como iluminación y videovigilancia. Por otro, nada sustituye a una Policía profesional, guiada por inteligencia criminal y tecnología, apoyada por una Justicia ágil. Diversos estudios demuestran que la certeza del castigo disuade mucho más que el mero aumento de las penas. Aquí parece existir uno de los problemas en Uruguay.

A este esquema deben sumarse dos pilares urgentes: un sistema penitenciario que efectivamente rehabilite para frenar la reincidencia, y una inteligencia financiera decidida para golpear las estructuras del narcotráfico. Respecto a este aspecto tampoco viene habiendo acciones efectivas en nuestro país.

Finalmente, las políticas de seguridad deben evaluarse de forma continua. No alcanza con anunciar medidas; es imprescindible medir qué funciona, qué debe ajustarse y qué hay que descartar, sin simplemente hacer declaraciones de justificación por parte de los responsables políticos de turno.

Uruguay cuenta con la institucionalidad necesaria para dar este salto. La seguridad no se fortalece dividiendo enfoques, sino articulando prevención, represión firme, rehabilitación y evaluación constante. El verdadero desafío es construir una política de Estado sostenida que le devuelva a la ciudadanía la tranquilidad que merece. Y se requiere que todos quienes tienen posiciones de influencia dediquen sus esfuerzos a ello, en lugar de la confrontación permanente de declaraciones.

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