Dr. Pedro Amonte | Montevideo
@|En la edición del sábado 4/11, en la página 13, el Sr. Tomas Linn, hace referencia a que el estado de salud de un político debe ser público en tanto puede afectar la racionalidad en la toma de decisiones.
Comparto esto totalmente. Es más, creo que previo a toda elección los médicos deberíamos estar obligados a revelar la historia de los candidatos a cargos de responsabilidad. Tener conocimiento si la expectativa de vida es corta y elegir sabiendo quién es el suplente.
Recordemos por ejemplo el caso del Pte. Gestido, que cuando fue electo tenía una miocardiopatía dilatada evolucionada, 50% de mortalidad a 5 a; o más recientemente Mujica que puso a Sánchez de suplente (¿alguien lee los suplentes?) sin decir que renunciará a su banca después de la elección.
Agreguemos algunos enfermos históricos.
En Yalta, donde se repartió Europa, Roosevelt, el triunfador de la guerra, se dormía por su encefalopatía isquémico hipertensiva; murió 5 meses después. Luego de la Primera Guerra Mundial el Pte. Wilson tuvo que ser repatriado a EE.UU. por trastornos del raciocinio. Se ocultó su estado, fue reelecto presidente, gobernó su mujer sin convocar al vice.
Creo entonces que se debe obligar a los médicos de candidatos a difundir (bajo pena de suspensión del título frente a omisiones o falacias de la situación del candidato) las historias médicas previamente a las elecciones; así como también cuando es elegido, se le obliga a realizar una declaración patrimonial.