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Salas de cine no inclusivas

Adriana Riotorto | Montevideo
@|No sé como describir lo que siento. Hoy exploté pero no de furia sino de dolor, decepción y cansancio.

Fuimos con unas personas sordas al Shopping a sacar entradas para ver la película “Anaconda” y… sorpresa, no había una sola función subtitulada. Vi esa mirada en sus ojos que tanto conozco y el dolor y la rabia me empezaron a invadir, comencé entonces a buscar en todas las salas de cine una en la que pasaran ese film con subtítulos y no había una sola sala en todo Montevideo. Resignación.

Y me acordé de cuentos de mamás sordas que no pueden ir al cine con sus pequeños hijos oyentes ya que las películas de niños no tienen subtítulos, por lo que sus hijos entran a la sala con sus padres oyentes mientras ellas deben esperar afuera a que termine la función.

Y tantas otras veces en que se quedaron sin poder ver películas por no ser accesibles, habladas en español sin subtítulos.

Y me vino a la memoria un hecho reciente, la presentación de la película “Sorda”, en Cinemateca Uruguaya, dentro del ciclo del Festival de Málaga a finales del año 2025, presentada por su directora, hermana de una persona sorda y la productora, instancia en la que estaba previsto un debate y luego una instancia de intercambio e increíblemente no había intérprete de lengua de señas.

Una película que habla de la incomunicación en la que están forzados a vivir, y también en esa ocasión quedaron fuera, sin poder expresarse y sin saber lo que pasaba a su alrededor; por lo que las personas sordas abandonaban la sala, dolidos por no ser tenidos en cuenta otra vez, aunque fuera una historia que los abarcaba.

Me vino a la memoria también aquel 30 de octubre del 2008. Escribía en aquel entonces que era un hecho histórico, día en que se presentó en el Cine Libertad la película “El Círculo”, primera película uruguaya con intérprete de lengua de señas. Una sala con más de 200 personas “sólo los que estuvimos allí mirando cientos de manos que volaban en el aire expresando asombro, alegría y emoción, los ojos bañados en lágrimas por sentir que por primera vez las personas sordas y sus familias extendidas podían ir al cine juntas, a una sala común, entendiendo lo que sucede en su totalidad; pudimos darle la trascendencia que tenía lo que allí estaba sucediendo. Al terminar, en la sala sólo se escuchaba el sonido del viento que producían esas manos aplaudiendo, sacudiendo el espacio en señal de gratitud”. Y agradecíamos por hacer posible, aunque sea por un rato, que las personas sordas se sintieran parte de… que por un instante dejaran de “sentirse extranjeros en su propio país”.

Pero casi 20 años después seguimos parados en distintos lados de la vereda, oyentes y sordos siguen siendo “extranjeros”.

Estoy agotada, tanta lucha irrelevante, porque en realidad, sí hubo cambios, progreso, sería injusto no reconocerlo, pero ¿cuán profundos son esos cambios? ¿Cambian la realidad, el día a día de las personas sordas? ¿Puede ser que en pleno siglo XXI sea inaccesible para esa parte de la población elegir y poder ver una película?

Uruguay que se precia de tener una legislación de avanzada en materia de derechos humanos, debería cuestionarse y nosotros como sociedad deberíamos hacerlo y reflexionar si sólo con leyes se cambia la realidad de las personas, si no es necesario mucho más compromiso de parte de todos los que tienen en sus manos el poder de hacer que todos seamos parte de una sociedad abarcativa, en real igualdad de condiciones en derechos, educación, salud, trabajo, cultura y arte, para que al fin dejen de existir “extranjeros en su propio país”.

Depende de todos nosotros.

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