Prof. Sheina Leoni | Montevideo
@|Un hecho sin precedentes viví hoy (jueves 11/5) en el Liceo 3, horario nocturno. Estaba preparando el parcial con casi toda la clase presente, cuando una alumna me avisó que un estudiante quería entrar y no lo dejaban pasar. Salí a buscarlo, y grité: ¿dónde está mi alumno que no puede entrar?
De inmediato el Señor levantó la mano, y gritó: “Aquí estoy, soy yo”.
En el momento que lo iba hacer pasar, un colega que estaba con los alumnos afuera me detuvo y dijo: “Los profesores salen, los alumnos quedan”, a lo que le sugerí que me sacara, porque yo no iba a salir voluntariamente ya que tenía todo un grupo esperando.
No supo que responderme, supongo quedó atónito, y volví a mi salón a continuar con el tema ya que los alumnos no se querían ir.
El estudiante no pudo entrar y los otros chicos quedaron en pasarle los apuntes. Al rato viene parte del gremio de estudiantes al salón y me dijeron que tenía que irme. Me negué hasta que terminara el tema, y cuando les dije que faltaba una hora dijeron que no podía. Yo les dije que sí podía, porque era la docente, y los invité a que me dejaran continuar. Por supuesto estaba con ellos el nuevo “Got Talent” de otro conocido liceo acompañando la ocupación. Dijeron que me iban a mandar una Inspectora para que me explicara. Me pareció excelente y dije que la esperaba en el salón terminando el tema.
Conclusión: algunos alumnos decidieron irse para evitar más problemas y yo me quedé con otros colegas conversando.
Eran muy pocos alumnos los que estaban en el tema, los demás querían seguir estudiando en paz.
Sabemos que la mayoría de los macro liceos hace tiempo se caen a pedazos (no es de ahora) y algunos alumnos contribuyen a esto. (He visto dibujos innombrables en las pizarras con lápiz permanente).
Pero lo más terrible es: ¿cómo el derecho a estudiar puede ser menospreciado por el capricho de 10 o 15 chiquilines?
Realmente una vergüenza tanta falta de respeto de chicos que, en definitiva, son adolescentes y deberían ser orientados y no utilizados por algunas personas.
Una verdadera pena ya que, con la patotería, no se logra nada.