Email: ecos@elpais.com.uy Teléfono: 2908 0911 Correo: Zelmar Michelini 1287, CP.11100.

Requiem por la estética

Nicolás Etcheverry Estrázulas | Montevideo
@|Es común escuchar la frase “sobre gustos no hay nada escrito”. No comparto esa opinión. Sobre la belleza y la estética hay toneladas de cosas escritas, pues la estética es precisamente una rama de la filosofía que se ha ocupado - desde hace siglos - de estudiar y conocer más y mejor todo lo referente a la belleza, la armonía y la calidad de las formas. Me refiero principalmente a la belleza exterior, captada por los sentidos llamados externos, que son los cinco clásicos: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Todos ellos son educables y perfectibles. Por algo existen catadores de vino, críticos musicales, elaboradores de nuevas fragancias de perfumes, mejores cocineros o mejores conocedores de la calidad de las telas.

Da la impresión que por estas latitudes hemos perdido el sentido estético y que nos hemos olvidado de apreciar, valorar y cuidar la verdadera belleza. Incluso hay una predisposición negativa y un cierto rechazo ante la belleza, la elegancia y la armonía; si se manifiestan, hay que destruirlas o al menos ignorarlas. ¿Qué argumentos tengo para sostener esa impresión?

Son varios, y actualmente se me ocurren los siguientes: 1) El deterioro de la ciudad en materia de edificios y del cuidado de los monumentos y plazas públicas, muchas veces pintarrajeados con grafitis y consignas o slogans que perduran meses. 2) El estado de las veredas y las fachadas en muchos barrios de nuestra ciudad, así como la mugre y suciedad que la inundan semana tras semana. 3) La sustitución – a nivel musical – de la armonía y la melodía por el ritmo y la percusión permanente que repite y repite hasta la saturación las composiciones y las letras de canciones.4) La manera de plantear una discusión y discrepancia de ideas – tanto a nivel escrita u oral – en la que los insultos, la grosería y el ataque a la persona y no a sus argumentos ha reemplazado a las frases bien hilvanadas, a la sutil ironía y al razonable contraste de maneras de pensar. 5) En relación a la vestimenta, la elegancia y la combinación de colores han pasado a ser malas palabras y en consecuencia, cuanto más desalineada, más provocativa, cuanto más rota, ensuciada, grasienta y manchada la ropa, mejor. Y no es un asunto de pobreza, de falta de recursos para lucir un poco mejor; es algo intencional, buscado para provocar y desafiar el buen gusto. 6) En materia arquitectónica, sin pretender ser un experto en la materia, he escuchado y leído comentarios desfavorables de cómo hemos maltratado a la costa de nuestro país con construcciones desparejas e incoherentes, en donde nada se respeta ni se armoniza con lo que existe alrededor. Cuidar a la naturaleza, sus playas y espacios verdes ha pasado a ser una ilusión antigua y para muchos, un absurdo de conservadurismos atrasados y nostálgicos. 7) Recoger los excrementos de los perros cuando salen a la calle (con correa, por favor) y hacen sus necesidades, es visto como una tarea excepcional y felicitable, en vez de ser considerada una obligación que – incumplida – debería ser sancionada con multas severas. 8) En materia de ruidos molestos, el primer premio se lo llevan los automóviles, las motos y motocicletas con caños de escape rotos o diseñados, a veces intencionalmente, para hacer el mayor estruendo posible, sobre todo al arrancar a la mayor velocidad posible luego de detenerse en un semáforo que estaba en rojo. Parece que estos jinetes motorizados se consideran más potentes y poderosos cuanto más ruido hacen y menos sanciones reciben.

Lo más triste y preocupante de todos estos fenómenos es el acostumbramiento. Nuestra población y nuestros representantes los han asumido como algo natural, como una forma de vida que hay que asumir y aceptar, y que no puede ni debe ser modificada. Todo esto también es educación. Así es como estamos sembrando la educación para los que vendrán después de nosotros.

Un solitario y suficiente ejemplo del abandono y desidia reinante en Montevideo, es el estado de la estación de AFE que podemos observar año tras año a la salida o entrada de la ciudad si se hace por la vía portuaria. Una bofetada y escupida cotidiana a la estética. Hay muchos más. ¿Educación...?

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar