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República bananera

Juan| Montevideo
@|La instalación de 112 radares en nuestro territorio, equipados con cámaras de última generación, es algo más que loable. De la cantidad de siniestros que ocurren en las carreteras, si tan solo salvasen una vida, se justifica plenamente su colocación. El tema es cuando la inversión se hace esperando un rédito económico, tal cual fuese como un negocio. Claro que un negocio de muy probable recaudación millonaria y cero probabilidad de pérdida, que estanca más la economía del país. Una inconciencia. Cuando se viene conduciendo en una ruta nacional (algunas hasta con cantero al medio) uno o dos kilómetros antes de arribar a un centro poblado, hay radares que indican 45 km/h (o 30 como en el caso de Minas) y eso es como una cacería de brujas. Es intentar que pisen el palito, la mayor cantidad de conductores. Con esa medida los autos se cuidan donde no hay peligro y luego, pasan los pueblos a más velocidad, donde el riesgo es mucho mayor, para recuperar el tiempo que perdieron casi frenados, en zonas donde la visibilidad es amplia y las lomadas hacen que no haya peligro real (bueno, me olvidé que, los lomos de burro son efectivos, pero no brindan ingresos de dinero). Es una contradicción que, en Bulevar Artigas hayan radares de 60 km, en Avenida Italia 60 km (o 75 km pasando Hipólito Yrigoyen) y que en las rutas nacionales, sean de 45 km. Eso demuestra a las claras, el propósito que tienen. Estoy totalmente a favor que existan radares e incluso se deberían colocar más. Claro está, en zonas peligrosas, lugares con un estudio probado de siniestralidad porque, caso contrario, sería como un impuesto disfrazado, amparado en la legalidad y en la triste realidad de la pérdida de vidas humanas. Todo lo extraordinario que los entes públicos recauda en cosas que no existían, como los radares, es plata que sale del trabajo de la gente. Que vaya directamente al Estado significa que las familias ya no lo poseen para gastarlo en provisiones, esparcimiento, etc. Todas cosas que generarían más empleos, que mejorarían la economía del país, creando más contribuciones y aportes al propio Estado. Ojalá alguien, algún día, piense en grande y pueda llevarlo a cabo porque así (como algunas otras naciones) lamentablemente nos vamos transformando en un país bananero, de la hipocresía y el doble discurso.

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