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Productividad extrema

Ps. Jorge Ballario | Argentina
@|Los titulares de las megaempresas tecnológicas buscan ubicar sus inventos y negocios en el centro de la vida humana, logrando que giremos en torno a ellos. La competitividad y la productividad parecen respaldar esa pretensión. Pero si las empresas ignoran el medioambiente, producen más barato, aunque a costa del ecosistema: ¿qué ocurriría si esta tendencia se llevara al extremo? Un mundo hiperdesarrollado, con empresas de rendimiento máximo. En ese escenario, ¿qué sería del ecosistema y de nosotros? ¿Seguiría siendo habitable la Tierra o habría que emigrar a otros planetas, donde algunos ya proyectan negocios?

Esa productividad extrema implica mayor uso de recursos, más energía y más residuos. Cada actor optimiza su rendimiento, aunque el sistema en su conjunto se degrada. El problema deja de ser “cómo producir” y pasa a ser “para quién y para qué”, sin que ello asegure una mejor distribución.

En un mundo hiperracional, el margen humano —el error, la intuición, el ocio— tendería a verse como una ineficiencia. Aun así, persisten espacios de fuga: el arte, los vínculos, incluso la irracionalidad. Y aunque avance con lentitud, la justicia a veces logra imponer límites a esos actores privilegiados.

Ante esta hegemonía tecnológica y productiva, ¿no haría falta un giro copernicano que vuelva a jerarquizar la singularidad humana?

Tal vez se necesiten instituciones globales capaces de regular esa dinámica y ajustarla a una escala que evite el consumismo desenfrenado, la contaminación creciente, el desempleo y las tensiones sociales. Un equilibrio entre lo económico, lo humano y lo ambiental.

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