Dr. Julio Cardozo Conde | Canelones
@|Es difícil que buena parte de la izquierda apruebe al Presidente Orsi en haberse puesto de acuerdo con la mandataria peruana, Keiko Fujimori, para combatir a la delincuencia internacional, léase narcotráfico, aunque muchos en el continente están adhiriendo a esta lucha.
Hay razones históricas y estratégicas para el cuestionamiento del Presidente uruguayo.
Las primeras se basan en que dicha gobernante es hija del extinto Alberto Fujimori, controvertido presidente de aquel país. Para algunos, ser hijo de alguien que se movió fuera de los límites constitucionales es un pecado capital y causa de continuo cuestionamiento. Y lo estratégico se basa en la máxima del Ministro Carlos Negro cuando asumió su cargo: “la lucha contra el narcotráfico está perdida”.
Desde el primer momento hemos discrepado con dicha opinión. Es saludable que el profesor Orsi piense lo opuesto y que eso lo movilice a acordar, con otros mandatarios, formas de plantarle cara.
Con respecto a la droga, la situación de Uruguay es diferente a la de Perú. El nuestro es un territorio de paso y no de producción. Las mafias vieron que Uruguay presentaba las características ideales para convertirlo en tal. Su naturaleza tan particular y la salida hacia el Océano Atlántico lo han hecho apetecible en ese sentido. Perú, por el contrario, es uno de los principales productores de drogas a nivel global; basta decir que es el segundo productor mundial de hoja de coca. Keiko Fujimori es una derechista sin complejos y algunos la ven como la reencarnación de su padre.
Orsi es todo lo que un círculo cerrado le ha permitido ser. Desde hace varios meses, los números no juegan a su favor y sus propios compañeros de viaje se sienten disconformes.
Fujimori llegó al Palacio Torres Tagle tras vencer a su contrincante, Roberto Sánchez, por una mínima diferencia.
Nuestro Presidente realizó una muy buena elección, pero sus apoyaturas se flexibilizan día a día. Perú y Uruguay conforman dos realidades diferentes y de cualquier manera, la colaboración entre ambas es esencial. Se trata de naciones con una rica historia de cooperación que data de mediados del siglo XIX. Uruguay supo dar asilo a distintos referentes políticos peruanos en tiempos de crisis institucional. Eso dice mucho tanto de ellos como de nosotros.
La ayuda mutua, el empeño por enfrentar y vencer a todo lo que hace que las sociedades no se sientan libres, no puede ser vista a través de gafas ideológicas, sino con sentido común y proyección de futuro. Como siempre ha sido.